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¿Ves? La aplicación es perfecta para eso.

Suena genial Nah, no me interesa

Plataformas de salvación

Antes de partir a reunirme con RAX quería asegurarme de tener una inteligente conversación de negocios con estos androides-auto-convocados para la GUERRA. Persiguiendo ante todo mis propios beneficios, por supuesto. Es decir, esclarecer aquellos puntos oscuros que habían anidado en mi mente henchida de pecado y pornografía. Quedamos en encontrarnos en un bar “X” en unos veinte minutos. ―¿Y en donde mierda queda eso?― pregunta Sonia. ―No sé. No me lo dijeron. Solo tengo que caminar y seguir las ordenes que transmitirán a mi cerebro. ―¿Y como podrás distinguir si tu cerebro no habla por ellos?. ―Eso es fácil. Pondré la mente en blanco por unos minutos, como en el Yoga. Solo tengo que relajarme y dejar que el flujo de mensajes transite como droga-verde-de-incubadora sin interponerme en el medio de la cosa. ―Necesito que te quedes en este lugar hasta que vuelva. ―Y nunca contestes un mensaje del teléfono. ―En cualquier caso usa la INTERNET.
Antes de retirarme por la puerta y poner la mente en un color blanco borroso, me acerco hasta Sonia y le hago un fuerte pellizco en el culo. Después la beso en la frente como si la despidiera adentro de un ataúd. Y siguiendo el plan como había prometido a mi mismo. ―Cierra bien la puerta― le digo cortésmente. Ella asiente con la cabeza.

Una vez en la calle recuerdo las enseñanzas de mi maestro chino. ―Deja que la energía interior cósmica traspase en tu alma como sensación de pájaro volador. ―Nunca contradigas al Maestro. ―No obstruyas la energía dejala moverse como remolino. ―No reprimas el orgasmo. ―Aguanta la respiración hasta sentirte pesado como un elefante, y luego la expulsas suavemente como si estuvieras soplando una flauta.

Sentí el hormigueo trepar como serpiente enrollada hasta la cabeza de la VERGA. ¿Está bien?.

Entonces sucedió que mis piernas automáticamente comenzaron a caminar. ―El cerebro recibe esos mensajes en flujos luminosos que pudieran haber sido encriptados desde los comienzo de la emisión ―por algoritmos de streaming que comprimen y descomprimen la señal de un extremo al otro del canal― y transportados por medio de esas ondas alpha que se acumulan como aguijones de abejas. Uno tras del otro.
―Cuando caminas bajo el control mental la pasma se te hecha encima sin pedirte ningún permiso. Solo pasan sobre vos. Sos una especie de mierda moviéndose a control remoto. ―No puedes esquivarlos porque pierdes la concentración sobre lo que es importante; y en este caso, lo único importante, era mantener en blanco la mente para no contaminar el susodicho canal de comunicación.
Después de transcurridos unos minutos llego al bar. El cartel decía con letras radiantes “LATINO BAR”. ―Aquí debe ser― me digo a mi mismo.

―Me dirijo hasta la barra como si conociera cada rincón. El hormigueo sigue rondando en mi VERGA (haciendo florecer el Kundalini como una explosión de vapor). ―Las camareras tienen culos hermosos y preciosas tetas tupidas en vestidos ajustados de látex que reflejan luz mas allá de la luz. ―Mientras arrastran comida de carne triturada sonríen como estúpidas. ―Moriría mil veces por besarlas solo una vez. ―Así que pido un Gancia con limón mientras espero al androide en un asiento, entreteniéndome con lo que había. ―Hago una rápida inspección en todos los rostros girando la vista algunos centímetros de un lado hacia el otro. ―Veo montones de charlatanes hablando de cuestiones de negocios, y cosas por ese estilo; y cada uno de ellos ataviados con unos elegantes trajes y camisas monocromáticas salpicadas con colores manzana.
―Veo que no te ha costado trabajo llegar― dice una voz con efecto flanger a mi costado izquierdo. ―¿Quien carajo sos?― pregunto. ―Mi nombre es Iddo, pero puedes llamarme como de verdad te plazca un huevo― dice. ―Vengo por representación del Almirante; y pertenezco a la columna Zeta de los androides rebeldes. ¿Podrás deducir lo que significa eso?. ―Hum. No… No tengo tiempo ni voluntad de hacer esas deducciones acerca de nada; ahora solo denme las cosas bien diluidas, sin nada de circunloquios y yo les pagaré con la misma moneda― miro en el centro de sus ojos, brillantes ojos de cristal color humo. ―Bueno, la columna Zeta corresponde a los últimos modelos fabricados por esos «soretes» quienes recibirán el merecido castigo.

Por un momento me detengo a examinarlo cuidadosamente (quisiera poder recordarlo todo con memoria electrónica). Su rostro no era precisamente humano (o lo que pudiera considerarse como tal); tenía la barbilla abierta por un golpe hecho con alguna cosa punzante (navaja, alambre, cuchillo… vaya uno a saber que); por lo que bajo la mascara humana se apreciaba el zamak resplandeciendo en la completa oscuridad del recinto. ―Mejor busquemos una mesa entre la pasma, estaremos un poco mas seguros― digo. Y nos mezclamos entre el tumulto.

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Habilidades inexplicables

Una vez que nos ubicamos entre las mesas del fondo del bar saqué a relucir mi faceta menos diplomática pero mas escondida: por la única razón que el humano me había analizado desde los pies hasta la cabeza de una manera que se me hacía demasiado incomoda y provocadora. ―¿Por qué no me la jala?― me pregunté. Me hacía sentir una bestia. Hacía sentirme como a un objeto deforme y sin una migaja de sentimientos. Ahora, como resultado de su comportamiento, invertiré los papeles.
―Te lo explicaré, solo tienes una opción y consiste en adherirte a mis políticas sin refunfuñar― advertí alegremente.
―Bueno, no quisiera ser descortés ni nada de eso pero nadie me impone políticas así como así; mucho menos una hojalata puta y autoritaria.
―¿Crees que no?. Bueno, has llegado hasta acá sin oponer ninguna resistencia; y te he estado comandando desde hace unas horas; entre tanto también te he indicado lo que debías decir y hacer― dije en un tono de burla. ―¿No te parece una coincidencia que estemos tomando lo mismo?.
El humano baja la mirada y observa el vaso de Gancia que estaba sujetando con mi mano robótica.
―Lo del trago fue mi propia decisión― dice.
―Pues te notifico que no. ―Si lo aceptas de esta manera dejarás de ser la rata de laboratorio y escoria que eres para esos gobiernos; ahora bien, hay decenas de humanos que quisieran ocupar ahora tu lugar; pero ¿sabes una cosa?― pregunto comprimiendo los puños sobre la mesa. ―Ningún otro me interesa.
Ja-ja-ja. Cuando vi al humano arrinconado como a un ratón en una jaula, supe de inmediato que era hora de volver a invertir los papeles; de manera que bajé el tono de mis palabras y decidí en volverme algo mas complaciente, diciendo algo como esto:
―Siento que eres uno en un millón. ―Por eso mismo te necesitamos… necesitamos-a-que nos-ayudes-a-tomar-el-control de las-cosas y podrás acabar tus días como de verdad te lo mereces, ¿no es así?. ¿No te parece eso justo?.
―Sí. Ya te conseguiré a RAX, tal como lo he prometido. ―Algunas cuestiones se han vuelto mas difíciles de lo que parecían. ―Solo necesito algunos días para re-armar estas cosas, y un adelanto de dinero.
―No hay problema. ¿Cuanto necesitas?. ¿Dos mil?. ¿Tres mil?.
―Veinte… veinte mil. Por el momento creo que bastará con eso.
―¡Extraordinario número!― digo con una sonrisa de oreja a oreja. ―Me parece una cantidad adecuada. ―Pero considero que treinta mil serían mas conveniente… ―Supongo que los riesgos que se toman tienen un costo. ¿No es cierto?― pregunto.
―Creo que si―, dice el humano secándose la húmeda frente con el puño de su camisa colombiana. ―Creo que treinta mil estarán bien para continuar con lo que queda de la operación.
―¡Muy bien!. ¡A la orden!. ―Lo recibirás en tu departamento de inmediato. ―Cuando tengas el dinero en tus manos… desde entonces… tendrás cinco días contados con los dedos para traerme a RAX sano y salvo. ―Presta atención a estás palabras, porque las diré una única vez. ―Si no lo haces, si no cumples con tu promesa, me encargaré yo mismo de ir a matarte y… y quizás también a esa puta que te acompaña, ¿como se llama?.
―Hum… Oh, esa puta se llama Laura. ―Por el momento la necesito para buscar a RAX. Ella es mi carnada… puedes hacer con ella lo que quieras; no es mi problema.
―Pues, creí que se llamaba Sonia… que suena a como Sueño― dije relamiéndome todo el mugriento aceite de los labios.
Con eso fue suficiente.
«El manual básico de los autómatas no establece un carajo acerca de como tratar psicológicamente con una maquina que de partida ya tiene todas las jugadas grabadas. Solo mira a Gary Kasparov. La norma es que si oprimes @X ella te responderá con @Y. Nunca te responderá otro valor distinto que @Y por la sencilla razón que todas sus variables han sido lógicamente asignadas. Al igual que un cerebro ha sido cargado con variables que de una manera lógica (para su propia arquitectura) seguirá un modelo establecido desde su nacimiento hasta su muerte.»
―Ja-Ja. Me encanta. ―Habiendo aclarado este punto puedo esclarecer mi desvalorizado mensaje: solo quería demostrar que las reglas son un fantasma. No creas en las reglas. Ni tampoco en los fantasmas.

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Fluido y electricidad

[…] Pero si me preguntaran sobre lo que sentía o imaginaba respecto de esto, pues, respondería que todo me parecía lo mismo y además empalagosamente repetitivo: ya no distinguía el blanco del negro, ni lo rojo de lo azul. No podía pensar y tampoco lo necesitaba porque no era indispensable: me deslizaba con la misma inercia y desesperanza del tiempo y dejaba fluir los asuntos hasta que solos encontraban una salida hacia algún lado. Ya no había colores, o mas bien todo era de un color gris monótono y aburrido como cemento. Y lo mismo ocurría con cada uno que me rodeaba, probablemente porque habíamos sido contaminados con la misma ponzoña. ―¿Y entonces como carajos sobreviviría, sabelotodo?― me preguntaba.

Bueno… en verdad las cuestiones que acontecían adentro de mi mundillo interior, es decir, las cosas que sentía o que de igual manera me despertaban sentimientos engorrosos, no tenían ningún efecto respecto del terreno en donde me movía como una lombriz: nada guardaba relación con ninguna cosa que vivía dentro de mí, y eso era mas reconfortante que inventar un Dios. Viéndolo de esta manera, era mas sencillo dividir mi parte humana de mi otra parte espiritual, invisible y fantasma.

No podría ser tan masoquista conmigo mismo cargando de responsabilidad a mis sentimientos con asuntos meramente existenciales y banales. Simplemente me sentiría una bestia si lo hiciera. ¿Acaso crees que el mundo funciona de esa manera o mas bien desearías que funcione así? Lo cierto es que el mundo ni siquiera sabe quien sos, hijo, ni siquiera se ha percatado de que naciste. Desde ahora mi consejo es que te mezcles entre el tumulto y nunca más vuelvas a comunicarle tus sentimientos a nadie. Solo déjate llevar. Sé como una roca. Deslízate con la manada. Disfruta del calor mientras te quemas como una hoja sosteniendo un vaso de limonada en la mano.

Eso es lo importante. El sol. La luz que emana del sol es mas importante que todos los dioses y soldados que han inventado. A veces deberías escaparte de esta ciudad. No hagas ninguna pregunta. Cierra la boca. No digas ni una puta palabra más. Aléjate. Lleva tu culo hacia los árboles. Huele las flores.

Porque algún día podrías ser el viento… y te digo que nadie podrá suplantar al auténtico y venerado sonido del viento ― al eterno aullido ― porque no pueden volverse polen ni soplar desde las entrañas como los tambores del corazón hasta mover a los enormes, vigorosos, y pesados árboles desde las raíces húmedas que han estado sepultadas bajo esta tierra de Dios desde que existió el chimpancé y todos sus hermanos. Entonces escupirás semillas, y sembrarás todo hasta el infinito y putañero universo, y también mas allá de las estrellas y de las galaxias azules y brillantes. Y entre serpentinas y hermosas abejas, vas a ser fluido y electricidad, y bailarás la danza de los locos hasta la asfixia.

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