Entonces llamé a esta teoría como “la teoría de la verdad que muere”, pero todos rieron a carcajadas diciéndose a sí mismos ¿cómo mierda podría morir la verdad? Y al mismo tiempo se contestaban: una verdad que puede morir ¡pues nunca ha sido verdad! Porque las verdades son inmortales. Es decir, que exceden a la voluntad interior o exterior porque han sido firmemente establecidas por algo que no puede ser delimitado por las fronteras de ningún tiempo pasado o futuro. Y todos alzaron sus puños en señal de protesta. Ahá.