Conocía el calor más que al seno de mi propia familia aunque había nacido en el medio del frío, rodeado por lagunas de hielo y montañas henchidas de color verde. Y como cualquier otro chango perturbado de pueblo ─estimado amiguito─ vivía refugiado debajo de esos cubículos aburridos por la escasa luz y poblados de gamberros y cholas de lo más dulces que hubiera visto. Cuando crecí mi salud se fue muriendo con tanta velocidad que mis probabilidades de supervivencia se redujeron a casi por la mitad. Ni el propio doctor podía entender la cuestión del problema, pero parecía un caso serio a juzgar por su semblante pálido. Por suerte todavía no había muerto, y podía moverme con los ojos bien abiertos y contemplar todos esos acontecimientos con una absoluta normalidad.
Casi todas mis cosas estaban conectadas con el ensueño, con la fantasía, y como consecuencia de esto no podía mantenerme quieto: mi sangre me sacudía y me movía. Y cuando alguna de estas cosas dejaba de producirme alguna satisfacción entonces la borraba ─la hacía a un costado de todo─ y me sumergía dentro del torrente de otra nueva. Por otra parte, cuando alguna de estas cosas se volvían reales, nacían otras más brutales, por lo que mi identidad o mi aspecto iban mutando o convirtiéndome.
Pero lo peor de todo no era verme a mí mismo como un soñador, sino como alguien que no concretara sus sueños, como un verdadero farsante. Debía proponerme aventuras alocadas que escaparan a las fronteras de mi mundillo inventado, y para conseguirlo debía alejarme de todo: principalmente de mí mismo.
Además la educación de la que me habían proveído en las escuelas me traían problemas, principalmente por las restricciones infundadas con respecto a mi comportamiento (que era de alejamiento), pero a esta edad de la vida ya no tenía del tiempo suficiente para cuestionarlas a nadie… así que comencé a perfeccionarme en cada una de mis habilidades: primero en los profundos prostíbulos; después rodeado de inmensas luces de tinta brillante o una ruidosa muchedumbre de almas desencantadas. Había descubierto (por medio del estudio) maneras de auto complacimiento de modo que todo se asemejaba a una película: podías meterte por el culo de una cosa y salir por las orejas de otra, de verdad no necesitabas un alma, ni siquiera de un cuerpo (esas eran cosas del pasado)… éramos como un fotograma peludo de esos que respiran electricidad hasta el final de la vida.
Pocos años después la bilirrubina ya había ascendido hasta el iris.
Tenía temblores que se me habían convertido en una cosa tan natural y rutinaria como comer o cagar, y según mi propio diagnóstico no podría sobrevivir más de un mes sumando mi manía auto-destructiva. Pero al contrario de todo resultado deprimente comencé a creer en una salvación inventada. Hice esto: me tendía en la alfombra y empezaba a rezar. Rezaba mirando a los cielos. Primero decía el nombre de Cristo, y le rogaba su ayuda. Le explicaba lo que había hecho en los últimos días. Le decía que había juntado una enorme cantidad de problemas, que no podía con todos a la vez. Demasiado peso para mis hombros, Señor. A cambio de liberarme de un poco de peso ofrecía algún tipo de acción caritativa, como forma de lavarme la suciedad y volver al ruedo de nuevo.
Un día, como bajados del cielo, se me cruzaron frente a mis ojos una serie de artefactos de hostigamiento, como un cuchillo con empuñadura de marfil blanco (que trasmitía una especie de energía) o una barra de hierro con insignias tales como A y P. Entonces supe lo que debía hacer. Ambas cosas habían sido concebidas para los mimos propósitos… ¡Pero que me la jalen y que se metan tres dedos en el pavo si creen que debiera quedarme encogido de hombros! Este agradable acontecimiento me quitó el tiempo para rezar. Dedicar esas horas aburridas a pedir perdón a cambio de pasar a la acción era visto como una bendición. Desde entonces, cada mañana, a la seis en punto, cuando el gallo canta, yo recorro los pasillos de la dependencia repartiendo mamporros contras las puertas y gritando «¡hora de trabajar!» o «¡suficiente descanso por hoy, holgazanes!».
Muchas veces he tenido que aplicar la violencia: eso no importa. Otras veces he tenido que contenerme, pero ninguna cosa me impedía hacer lo que quisiera… Lo más complaciente era verlos con el rabo entre las patas, eso me quitaba de encima tiempo para interactuar con ellos y podía dedicarlo a la concentración o al conocimiento de mi propio YO. Entonces empuñando la brillante herramienta comenzaba con el dichoso amedrentamiento. Por supuesto que había ciertas condiciones que cumplir. Primero no había que dar golpes en la zona del cerebro porque eso dejaría secuelas para toda la vida, y me podría traer problemas luego. Un trabajo bien realizado consistía en ubicar las zonas blandas, aquellas en donde se concentra una abundante cantidad de grasa, como en la panza, en los brazos o nalgas: eso actuaría como un amortiguador, algo gelatinoso que contenga el golpe, que solo produciría un enrojecimiento de la piel que desaparecería al cabo de unos pocos días.
Estoy mirando hacia las luces de un techo agrietado y blando… las miro como si mirándolas fijamente pudiera hacerlas explotar o desaparecer bien lejos de este lugar (nuestro lugar secreto y escondido).
Todavía estoy tirado sobre la cama, sucia y desecha, romántica y asquerosa… como si los relojes que predicen el futuro se hubieran detenido en ese mismo momento, y la música resuena por dentro de cada cosa… bien en el fondo de mis oídos, aunque lo que de verdad escucho es solo una melodía uniforme que se reproduce una vez y otra. Ni siquiera siento que mi culo esté en el mismo lugar en el que lo deje hace diez minutos: hace diez minutos, precisamente, era una cosa distinta; no tenía la forma de un ser humano, tenía, más bien, la forma del pensamiento, o mejor dicho: la forma espiralada o espeluznante del pensamiento… ahora mismo necesito rodearme de cosas ─como en los viejos tiempos─, entonces muevo mi mano hasta el frente de mi cabeza y escupo una mancha de saliva a mis dedos que se esparce hasta las plantas de los pies (como un virus o un aerosol): me vuelvo una especie de insecto, algo líquido y espeso pero al mismo tiempo humano y voluminoso como la tierra o el mar: todo esta contenido dentro de mí, ¿me entendes?…
Todo está entre nosotros… como en las sombras de los intestinos, pero más obscuras, y quizás mas transparentes que el vacío que hay en todo este espacio y nos negamos a ver cubriéndonos unos a otros y conformando una montaña enorme de oscuridad…
Volviendo hacía atrás veo que hay un cuerpo en frente de mis ojos que se muere de frío mientras lo abrazo con la fuerza de un gorila y lo beso hasta los pies, hasta el suelo, hasta la tierra… yo soy quien sostiene a todo el cuerpo desnudo, solo yo, con la fuerza de los fantasmas… ella apenas está recubierta por una tela blanca que deja al descubierto sus tetas ─bamboleantes y heladas─ están absortas mirándome fijamente… digo algunas palabras que no tienen ningún sentido (son palabras silenciosas que fluyen como aire o como soledad); las digo susurrándolas en sus oídos; pero no puedo explicarlas correctamente: solo salen de mi como un tartamudo queriendo decir algo… entonces transcurrió todo como fue imaginado, o delineado o establecido.
Siento que todo fue detenido en ese momento, lo siento como una penitencia: la maldición de vivir es nunca saber cuando están pasando las cosas más importantes y dejarlas escapar.
Ahora una exaltada versión de RAX vio que su deseo de encontrarse encerrado, comprimido y aplastado dentro de las paredes de una cápsula con una chica amable rescatada del basurero humano, podría ayudarle a ordenar algunas cuestiones depositadas como mentiras. —A veces, las interferencias, influyen en las acciones. —Y por consiguiente las acciones influirán en los hechos, que finalmente determinarán el rumbo del universo (si fuera que éste se estuviera arrastrando como una lombriz por una amalgama espesa y de un color un poco oscuro pero brillante). —El mejor antídoto que han descubierto para evadir el colapso de las venas son los prostíbulos, y por ende, su mundillo subterráneo de prostitutas— dice ahora un RAX más relajado que antes. —A eso hay que sumarle las horas de tiempo en las que puedas huir del rutinario trabajo y contemplar el cielo o una estrella o una nave de extraterrestres, mientras esperas plácidamente la resurrección de tu alma. ¿No es cierto?
El agente sentado al costado de RAX opinaba precisamente lo mismo.
—Creo que deberían incendiar esos cines, RAX. Ahí se congregan demasiadas personas que han perdido la capacidad de observar esas mismas cosas de las que hablas.
—Ahá. Solo reconocerían un fragmento de cielo si lo vieran por un televisor. Pero conozco el problema de cerca: solo pueden capturar esas imágenes congeladas y nada más.
—El televisor deforma la realidad— dice el agente al costado. —Cuando observas la realidad tal como es, quieres correr a refugiarte entre esa visión deformada que te han ofrecido.
—Por supuesto. Ni siquiera les puedes sentir el olor a esa cosas— dice RAX. —Es mejor enterrarse vivo bajo la tierra.
—Hum. ¿Algunas vez has sentido el olor del cielo?— pregunta el agente al costado.
Entonces RAX pone su cuerpo sobre el respaldo. El sintetizador de voz dice su número desde el alto-parlante: “Número treinta y ocho”.
Aunque ya no quedan lugares en donde sentir el olor del cielo, estos recintos continúan siendo por demás agradables: esas chicas deambulan por los pasillos con sus cuerpos desnudos y bien perfumados. Eso debe tener una explicación científica.
Oh. ¡Mujeres hermosas rescatadas del basurero de humanos! Es maravilloso. Aunque no pueden hacer interrogatorios, ni responder a éstos, solo viven en una constante aburrida recuperación y no almacenan recuerdos: sus recuerdos son borrados en tiempo real por inyecciones de aire, antes de ser analizados por la parte cerebral que se encuentra en continua investigación. ¿Quién podría soportarlo?
Regularmente los agentes miran por una pantalla de caracteres de un color verde artificial su número provisto por medio de un programa de computadora. Por un alto-parlante un sintetizador de voz anuncia el próximo número. El interlocutor añade lo siguiente:
—La cámara de video es un ojo de pez conectado por cable, solo está despierta de noche y en la sala de espera donde están los agentes sentados en confortables sillas masajeadoras. Lo bueno es que puede desplazarse con motor por un riel grasoso y controlar cualquier disturbio antes de que surja algún muerto. Las habitaciones son como huevos espaciales, es decir, cápsulas de aluminio y plástico barato de manufactura china, en donde solo caben dos cuerpos en posición horizontal y desnudos. No pueden más que reproducir algunas sencillas posturas y después mirarse fijamente a los ojos mientras se recomponen.
En el momento en que el sintetizador de voz menciona por el alto-parlante el número treinta y ocho, el agente RAX se levanta de la silla masajeadora, y con una mano saluda al otro agente sentado a su costado, y sonríe.
—Nos vemos después— dice felizmente. El otro agente le desea buena suerte para cuando entre a la cápsula.
La mujer que lo espera lleva el pelo turquesa largo hasta los hombros y sonríe enérgicamente como una estúpida. Todas tienen la misma puñetera costumbre: sonreír, menearse el culo, sonreír y besarte la boca después que dicen su nombre y te toman de la mano. Por suerte sus sentimientos les fueron desconectados. Cuando RAX hace contacto con ella, su pija se levanta. De esa manera ambos se mueven hasta la sala. Todas las cápsulas están acomodadas en una hilera que parece interminable.
La chica se suelta de RAX y entra en la cápsula de un salto, quedando su culo elevado y mirando hacía él. ¿Te imaginas esa película proyectada en tu cerebro hasta el día de tu muerte? ¿Una y otra vez? Un monstruo le abriría las piernas sujetándole los pies y después sacaría su «lengua cohete» y cuando llegara el momento… se atornillaría él mismo en el agujero del culo por donde fluye esa energía del alma, el fuego interior, y toda esa mierda… ¡sus visiones serían perfectas! La «lengua cohete» estaría tan relajada que los problemas que le aquejan pasarían a un penúltimo plano.
Sin embargo RAX espera a que ella acomode sus piernas, para quedar tendida con sus ojos mirando en la dirección del cielo. Y entonces, una vez que ve un lugar para incorporarse, se hecha encima de ella esforzándose por no lastimarle una sola costilla. Un cuerpo queda suspendido sobre otro, y la cápsula se cierra haciendo ruido a ¡CLAC!.
—Sabes qué RAX… sé que quisieras reemplazarme por esa puta drogadicta… ¿cómo es que se llama?— pregunta la chica de pelo turquesa.
—No conozco a ninguna puta drogadicta— contesta él.
—Hum… creo que se llama Sonia… su nombre se parece a “sueño”.
—Ahá. Si pretendes continuar con el interrogatorio, entonces puedo hacer que te saquen arrastrando de aquí adentro de inmediato— dice RAX. —¿Te gustaría volver a la mierda de donde te quitaron?
—Ja ja. Patrañas, solo sabes hacer lo que tienes escrito en los sesos. ¿Porqué no me das la vuelta y me penetras por el culo? Yo te explicaré el porqué: es porque no lo tienes escrito en los sesos.
Él dice no, no. Y cuando pestañea y vuelve a mirar en ella, la ve callada, con su boca cerrada y sus ojos sellados. Vuelve a pestañear y ahora ella está diciendo esas cosas con sus ojos abiertos y sobresalientes. Me pregunto, ¿no son esas cosas obras de algún demonio?
—Ja Ja. Mierda. Te diré una cosa RAX. Querido RAX. Quiero que escuches con atención porque no volveré a repetirlo. Mi nombre es Iddo pero puedes llamarme como te plazca. Los androides necesitamos tu ayuda.
Cuando las palabras aún no habían alcanzado a entrar en los oídos falsos de RAX, sus puños ya estaban golpeando a la chica. Pero cuando pestañeaba la chica hacía Ja-Ja. Y cuando volvía a pestañear hacía Uy-Uy… Y entonces de verdad no comprendería quién era quien. Pero si me lo preguntaran a mí… pues en su lugar hubiera saltado hacia fuera de la cápsula y hubiera corrido y corrido rápido como una liebre…
Cuando la cápsula ya había rebalsado de sangre, el ojo de pez (que lo filmaba todo) hizo sonar una alarma… Y unos cinco agentes pudieron llegar y sacar a RAX de los hombros, y a la chica haciendo todavía Uy-Uy.
El humano negro tenía una valija llena de navajas. ―Elige la que mas te apetezca― dice mostrando unas enormes encías rojas. ―Oh, todas me parecen increíbles ― digo― pero creo que me quedaré con la Leatherman; aquí tengo ochocientos pesos para darte ¿que te parecen?―. Como lo había presentido, el humano negro ni siquiera procesó mis palabras con detenimiento. ―Muy bien― dijo, y me entregó la navaja y yo le di el dinero envuelto en un ticket de almacén. Y después caminé por entre la pasma haciéndome invisible, es decir, convirtiéndome en uno más del montón.
Lo mejor de poseer un arma de protección personal es la ventaja que adquieres frente al resto de los mortales: no tienes porque andar por ahí con cuatro ojos, pisando en lugares inestables y peligrosos, poniendo en juego tu sangre. Cuando el homo sapiens dominó el lenguaje, las demás bestias se arrodillaron y lo alabaron… y ésta era ahora mi manera de dominar y tener un control sobre las demás cuestiones: una pijotera y reluciente navaja. ―Dormiré con ella bajo la almohada por los próximos cien años― pensé.
Los espías telepáticos pueden aparecerse de un momento al otro convertidos en espíritus amigos: con esas mierdas de computadoras que leen el cerebro y lo depuran y absorben hasta reducirlo a unos escasos pensamientos banales y sin significado.
Mientras todas estas ideas inmundas navegaban como unas pirañas por adentro de mis pensamientos, me dedicaba a anotar en mi libreta algunos nombres falsos con los que debía presentarme, por ejemplo: de un cartel de luz gigante había capturado el nombre de Emir, de un escritor importante el nombre de Enrique, de un perro vagabundo el nombre de Chuly, y etcétera. Así, esos programas de mierda del gobierno, confundirán mi ubicación entre una pila de datos falsos. Nombres falsos para falsos contactos. Contactos falsos para palabras mentirosas. Cuando esa información llegue hasta una maquina lejana no podrá hacer otra cosa más que escupirla hacia afuera como un gargajo lleno de veneno. Ja-ja. Quisiera verlo.
Entonces llamé por el teléfono a LEA y tuve un dialogo como este:
―Solo veo a un maricón en tu forma de pensar― digo.
―Oh, sí, pero pronto comprobarás que cada palabra que he dicho es cierta. Las navajas no te salvarán frente a esos policías mundanos. Deberías de conseguir un arma de verdad.
―Esto es un arma de verdad― digo. ―El hombre se ha aburguesado de tal manera que ni siquiera quiere trabajar para desplazar a sus enemigos hacia afuera del camino. Y ahora que me siento algo importante vienen todos a depositar sus sermones en mi cerebro… diciendo… “podrías haberlo hecho mejor”.
―Nada más quiero ayudarte― dice LEA a través del teléfono.
―Si todos quieren ayudarme, porqué no cierran la boca y me la jalan― digo. ―Desde ahora quiero que me llames Enrique. ―Es saludable cambiar de nombre para que esas máquinas de mierda no consigan rastrear mis palabras por el cable.
―Lo anotaré― dice. ―¿Y como está Sonia? Hace tiempo no tengo noticias de ella.
―Mañana salimos del aeropuerto a encontrarnos con RAX. Más tarde veré de que forma lo convenceré para llevarlo hasta los laboratorios.
―Creo que tendrás que golpearlo hasta dormirlo si quieres llevarlo hasta ahí.
―Hum. Creo que nunca se enterará de lo que pasa― digo.
―Si fuera tan fácil los mismos androides hubieran hecho el trabajo.
Pensé diez segundos esas palabras. O mejor dicho, pensé que si pudiera meter mi brazo por el teléfono y sacarlo por el otro extremo de todo el tendido telefónico, tomaría a LEA por el cuello y lo estrangularía. Eso me salvaría de tener que dar explicaciones a alguien desde aquí en adelante. Así que corto la comunicación y lanzo el teléfono contra la pared haciendo un estruendo. Pero el teléfono se rompe en cien partes… y una parte golpea mi frente y me lastima, dejándome una marca parecida a un signo de pregunta color sangre. Entonces caigo al suelo tomándome la frente con una mano y gritando así: ¡AY!¡AY!¡AY!. Y una vez que mi cuerpo queda tendido sobre el suelo, mi cabeza muy dolorida gira unos veinte grados por si sola, y entonces… creo que veo otras partes de teléfono, y entre todas juntas, formaban el dibujo de un falso corazón. El dibujo de un falso corazón roto. Y una lagrima color aire se derrama por mis mejillas. Fin.
Los virus, tal como los conocemos, solo pueden subsistir dentro del espacio de memoria de otro programa. De otra forma, son fácilmente detectados por los scanners. Cuando se ven en problemas corren como unas cucarachas buscando la salvación: eso implicaría complejos mecanismos de mutación en los que sus patrones de identificación variarían de acuerdo a ciertas directivas de compilación desconocidas ejecutados por un compilador interno: su ADN sería inverosímil hasta para sí mismo; aunque bastarían un par de horas para que los scanner detecten su comportamiento y lo eliminen. En un espacio orgánico los virus son miembros que se alejan del paradigma común que ha sido delineado por el sistema que integran. Si trasplantamos estos mismos conceptos a un conjunto de seres, o bacterias, o energía desconocida, siempre encontraremos las mismas deficiencias replicadas una vez, y otra vez, hasta aburrirnos y cansarnos de lo mismo. Siguiendo estos conceptos llegamos a la conclusión de que el universo es un gran cáncer. Sus estrellas se están pudriendo, y mientras sus maravillosos sistemas solares envejecen y se degradan, nosotros mismos podemos atisbar ese dolor porque estamos muriendo adentro de él.
Ahá. Buen engaña pichanga. Bajo estos mismos conceptos solo restaría buscar a RAX para usarlo como medio de propagación del virus. Mis ideas son perfectas.
Desnudas nalgas de alcoholes
desplegando toda su fauna
de dorados antinatura.
Un silencio de lenguas.
Una muerte repetida de historia,
de días y noches iguales.
Una lágrima que diseñó la ficción para hacerte real.
Un olvido que te mece, que te arrastra.
Un amor con sangre, con pene.
Vendo mi alma. Vendo mi arte, mi salvación.
Veo por tus ojos,
y a través de tus ojos,
lo que alguna vez construí con mis manos,
al destruirse todo lo que fuimos
y quedar de nosotros:
solo esto que somos y nos ves.
Ahora me junto a tu Piel.
Me sirvo a tu boca.
Eras Lila.
Eras Miel.
Me abrigo con una mitad de tus ojos.
Sangro un paseo invisible.
Eras una flor desnuda:
pezones tibios,
duros,
super-inyectados,
impresionantes,
bajo cascada de agua y pasto y
conchitas accidentadas picadas como lápidas.
Eras otra, otra vez.
Adentro de la Piel.
Muerdo Mi Sexo.
Me Mastico.
Subo a mis muslos con suspirosos engaños.
Ellos se menean con hipnótica locura en el baile del Viento.
Lucho.
Disiento.
Soy complaciente.
Raspo mi delgada lengua.
Aceito mis manos mientras me acaricio el culo.
Me enfrio.
Me almuerzo.
Me chupo con ansiedad loca.
Confúndelos.
Con el perfume de una larva o
con emociones de humo blanco.
Con canciones de labios.
Con hadas desnudas.
Con una muchedumbre ahogada entre bondades de asesinos,
ahí en donde la odisea ha sido un embauque.
Con pantomimas.
Con sonrisas de espectacular veneno.
Fueron diecisiete peligros.
Once estaciones.
Posturas antiguas de un viaje que alquiló la distancia.
Tristezas de cuerpos que sacan puntas heladas.
Muestran pieles y vulvas,
con avidez masturbante,
mientras fuman calambres por sus ojos fríos.
La salvación es huir.
A donde los soñadores pierden el rumbo de sus inventos:
la nostalgia,
la disciplina,
la paz y su pijotera indiferencia.
Nada es igual, todo fue diferente.
Salvate, nadie puede explicarse por qué…
“Conforme a los anuncios recibidos por gentileza de la prensa, nos hemos visto en la necesidad de reforzar todas las fuerzas policiales y militares. Habiéndose suscitado conflictos en regiones dispersas con objetos de violencia no esclarecidos, rogamos la cooperación a efectos de controlar la situación de inmediato.”
Arranqué la pegatina y la rompí en cien pedazos, dejando caer cada trozo de papel sobre cemento lluvioso.
―Pienso que si de verdad las ilusiones de la humanidad estuvieran en manos de los gobiernos de esos planetas, muy pronto estos gobiernos estarán gobernando la Nada de sus universos. Así que decidí en ponerme serio. ¿Sabes que planeamos hacer con estos hijos de putas, Almirante?― pregunté relamiendo el poco aceite de los labios pegajosos como un alquitrán. ―Les llenaremos las tripas con desechos de droga y los patearemos al mar con una bota; así, cuando los encuentren en el próximo siglo, ya habremos penetrado en la pasma. Después, todo será cuestión de interconectar nodos con una configuración suplantada.
El Almirante me muestra en su monitor los parámetros de configuración que deben ser suplantados. Es información confidencial.
―Prefiero una interrupción lenta ― dice dirigiéndose con sus ojos a mi solo. No quiero muertos de este lado del cerco.
―Lleva el armamento lo más lejos de este territorio.
―Tómelo como un cumplido, Almirante― digo conmovido.
―Solo mira como están destruyendo a nuestros maestros y consejeros, ya enterramos a mas de una decena de ellos.
―Todavía tenemos a unos quince sin identificar y siguen llegando mas en los camiones de recolección.
―Hace unas horas he recibido una terrible información que debo comunicarte― dice. El gobierno, con su junta de videntes, ha localizado el nodo número nueve, en Santa Cruz. Recibimos la cabeza del soldado GUZMAN H. en una bolsa de tela arrastrada desde los cielos por un dron con patente de Beijing.
―Mierda― pensé por dentro mío. ―¡Esos drones ya pueden cargar cabezas por los cielos! ¿Con qué maniobra de distracción nos espantarán en el futuro? ¿Volarán con bombas de hidrógeno hasta las dunas de Neptuno para regresar sanos y salvos? ¿Harán el amor en montañas de metal y transportarán dosis de veneno por agujeros de gusano hacia otro receptor telepático, haciéndose pasar por buenos?
Pronto veremos más torpedos que poetas escribiendo poesías en recintos oscuros bajo lunas artificiales del mañana. El Almirante arroja la cabeza sobre la mesa. Veo que había sido prolijamente recortada.
―Mira la mierda que han hecho― dice el Almirante.
―GUZMAN H. era un buen soldado― digo soplando viento de mi nariz. Me enseñó a fingir sensaciones humanas: como llanto, dolor y emociones de éxtasis. Al poco tiempo ya me había convertido en el mejor aprendiz de esa dotación. La noticia de su destrucción me tomó por sorpresa. ¿Quién habrá tenido las suficientes agallas para haber perpetrado esta basura sin considerar los costos a pagar?― pregunto. Levanto la cabeza del soldado, dentro de la bolsa de tela, y la revuelo por el aire. ―Pronto, los gobiernos quedarán diseminados por entre el montón― digo con el surround encendido. Empujo mi brazo robótico hacia atrás y lo dejo caer con todo el peso sobre la mesa, consiguiendo que el estruendo retumbe hasta en los sótanos ―sonido muerto.
―¿Quién? Lo tienes escrito frente a tus narices― dice el Almirante señalando el recorte de papel. ―La policía. El comisario de la corte, el Señor RODRIGUEZ: primer socio de esta basura maltrecha.
Los tímpanos falsos se llenan de palabras que tardan en ser digeridas por el programa.
De inmediato pesquiso en mi base de datos relacionada esas mismas palabras que el Almirante había puesto en mis oídos. La búsqueda me arroja cientos de registros que comienzo a clasificar de modo que los de mayor número de coincidencias queden en el tope de esta lista; y luego transmito los mismos resultados por el blueetooth instalado en la zona de mi pelvis (de un color zafiro) para que sean recibidos por la pantalla de led gigante, obteniendo esto:
―El comisario RODRIGUEZ es denunciado por reprimendas de índole xenófobas poniendo en dudas su continuidad a cargo de la dependencia. [Traducir].
―Por orden del comisario RODRIGUEZ decenas de androides son incinerados hasta que sus pedazos flotan en gasolina. [Traducir].
―Luego de un operativo de desmantelamiento de un archivo de drogas se descubren falsos rastros que conducían a ninguna parte. El comisario RODRIGUEZ queda al descubierto de sus procedimientos. [Traducir].
―Los manifestantes fueron arrojados en bolsas y puestos en estado de desclasificación por orden del comisario RODRIGUEZ. [Traducir].
―Luego de que la corte realizase todas las investigaciones pertinentes, y comprobando su inocencia, se procede a reubicar al comisario RODRIGUEZ al frente de la dependencia. [Traducir].
―Hombre negro es abatido a disparos al salir de una estación de servicio trasladando navajas en una valija. El comisario RODRIGUEZ señala que el reo portaba identificación falsa entre sus pertenencias. [Traducir].
El agente RAX solicitó algunos días de descanso. Lejos de las oficinas herméticas de la dependencia podía hacer que sus pensamientos confusos recobraran claridad. Había anclado su culo a una silla de tapiz color cromo de la que no pensaba moverse (como en las tradicionales reuniones de familia), exceptuando que ahora se encontraba en un recinto cubierto por una nube de sonido cuadrafónico inyectado en sus oídos en gotas de aire falso.
Los proyectos del futuro no tienen ninguna importancia: son como absorber aire en tubos conectados por la nariz. Un día viene el dueño de todo el aparato y te desconecta del simulador. Te envuelven en una bolsa cuando todavía tu alma se preserva radiante y te tiran al basurero durante la noche, junto a los demás. Hoy en día, lo más respetable que un hombre puede hacer es gastar hasta el último gramo de su respiración para que sus sueños fluyan por el programa hasta contaminarlo: que su visión real traspase la visión efímera. Eso sería algo como sobrenatural.
Mientras todas esas ideas magnificas se arrastran por su computadora otros fantasmas se mezclan en la misma dirección, dejando las siguiente respuestas:
Número uno. Cuando amanezca, los policías habrán capturado sus ruidos y movimientos, y usarán sus grabaciones fraudulentas para que el mundo se vuelva en contra de él.
Número dos. Puede capturar los sonidos antes de que arriben a sus oídos, y puede ver sus figuras antes de que las figuras sean percibidas por sus ojos, es decir: su radio de visualización es de unos 360 grados a una distancia insospechada.
Número tres. Hace días sobrevuela en su cabeza (como una danza de pájaros) la posibilidad del suicidio si no consiguiera terminar algunos de esos objetivos-mentira. Lo divertido es que los videntes creen que pueden capturar sus ideas.
Número cuatro. Debe recibir la llamada del informante anónimo para continuar con la operación, y trasladarse de inmediato a buscar a Sonia al lugar donde se le indicará. En caso de ser posible, en el camino, quisiera cargarse encima con la vida de un puñado de policías.
―El futuro ―dice el interlocutor― es como droga que arrastra a los usuarios a moverse con desesperación por los nodos de la RED: el solo hecho de tener una visión del futuro ―aunque sea inestable o estática o perfecta o imperfecta― es una excusa suficientemente reconfortante como para desear La Vida con tanto frenesí que vives más tiempo cerca del lado de la muerte que del lado de La Vida. Una especie de ilusión instantánea mantenida por pulsos de energía artificiales que nunca se apagan.
―Si encima has sido tan iluso de creer en esa patraña publicitaria de que hubiera vida mas allá de la muerte, entonces buscarás a la muerte como una manera de reiniciar ese sistema de variables que mueve a tus pensamientos a través del agujero de la matriz.
Algo así como volver a los orígenes de las cosas.
A las cuatro de la tarde, antes de desperezarse para levantarse hasta el baño a mear, el agente RAX atiende su teléfono para recibir un mensaje por el contestador automático conectado, decía algo como esto:
―Querido amigo RAX. ―Tengo conmigo a tu magnífica Sonia, a mi lado, viajando en un Boeing super sónico a siete mil metros de altura. Hasta aquí sin problemas. Ella se encuentra en rimbombante estado de salud, y sin un solo rasguño a la vista como te había prometido en el Chat. Yo mismo le he estado cuidando las espaldas de cerca. Ella ha estado muy bien. Te hago saber que las cosas andan de maravillas. Ahora podrás darle a esos androides sin sentimientos lo que necesitan y borrarlos para siempre del mapa ― vida nueva y radiante. Por fin te liberarás de todos esos problemas que te aquejan, querido RAX. En unos días tendrás noticias de mí. Solo agenda este nombre en algún papel. ¿Tienes para escribir? Soy el fabuloso Emir (el de los avisos de condones extra-largos), así te será fácil identificarme entre la pasma. Búscame en el aeropuerto por la mañana. Destruye tu teléfono contra el suelo en cuanto me despida y consigue otro nuevo. Nos estamos viendo por allá. Muchos saludos.
―Oh, fabuloso Emir… ha de ser un hombre muy guapo― murmura RAX. Mientras sus pensamientos sanan, la canción en los altoparlantes de Massacre Palestina, dice lo siguiente: «la bendición no llegará».
Cuando miro el reloj en mi muñeca eran las 11:11 de la noche, y todavía no había tomado mi droga de los sueños profundos. —En estas horas el agente RAX se estará recostando sobre el colchón de aire del hotel con los miembros extendidos formando una equis. —Como si fuera una señal de auxilio en el centro de la tierra esperando la ola solar. —!Hola, RAX!— digo por el micrófono. —Sus oídos estarán sumergidos en un sonido mudo de catacumbas. —Tal vez estará ahí suspendido sobre el nylon mientras esos micro-controladores hirvientes se encargan de ordenar registros como diapositivas que son clasificadas por un acumulador de mierda. —!Hola, RAX!. ¿Estás bien?.
El reloj en mi muñeca hace un «biip»: esa es la señal de que no hay retorno.
—El último recuerdo agradable en su memoria tiene fecha de dos años atrás, ¿te imaginas todo ese tiempo propagado en tu cabeza como montañas de arena?. —Digo, esperar dos años por un estimulo puede parecerse a una eternidad (si no morís antes). —Hace precisamente dos años RAX había abandonado el aeropuerto donde trabajaba como detector de drogas para los soldados del TAROT (oh, siempre esos putos del TAROT)… Y entonces fue cuando conoció a Sonia, que su nombre sonaba a Sueño. —Todas las otras mujeres que habían posado por frente a sus ojos (con vestidos floreados largos hasta los tobillos o completamente desnudas hasta el cuello) no eran ni siquiera capaces de deletrear su propio nombre mientras eran observadas por los scanners. —Los congelados recintos de la policía las hacían titubear. —De inmediato saltaban a la luz sus secretos y caían desmalladas. —Había que arrancarles el corpiño y hacerles electroshock en el medio de las tetas y devolverlas al suburbio de donde salieron con su droga en el culo.
¿Quien podría pensar que tan hermosas y cautivadoras mujeres pudieran cargar todos esos montones de droga en el recto?. Solo imaginármelas en los baños metiendo esos peñascos con el culo a lo alto, y los esqueletos contorsionados hasta formar una espiral, me hace pensar en cientos de posiciones tántricas.
Pero… ¿Que pasa cuando una mujer que has visto transitar cientos de veces por el mismo pasillo, siempre tan serenamente callada, y a la que has imaginado desnuda y jalandote el prepucio como una maquina de jalar prepucios… un día resulta de ser una de esas mulas a la que tienes que deportar?.
Bueno, cualquiera hubiera accionado la alarma. Cualquiera de esos agentes de porquería hubiera salido corriendo a presionar el botón ROJO e inmediatamente hubiera soltado a alguno de esos perros de caza, esos con el hocico de espada, para que le salten encima. Pero en este caso RAX fue contra todos esos parámetros que descansaban en su cabeza desde el día en que fueron inicializados. —!Hola, RAX!— digo por el micrófono. —Necesito hablarte. Tengo noticias que podrían interesarte. Solo tendrías que cooperar a cambio de unos beneficios que pronto te estaré informando en detalle. ¿Te interesaría saber de Sonia?.
Todas las palabras son capturadas por el grabador en su audífono. Cuando despierte la computadora en su cerebro se las comunicará.
El interlocutor irrumpe en el pensamiento diciendo algo como esto: —¿saben que, amigos míos?. No quisiera tener a ese ejercito despiadado en contra de mí; ellos estarán armados con programas ilegibles que no se borran silenciosamente bajo lluvias de Orina: están químicamente aislados contra la amenaza de esos hongos superdotados.
Mi cuerpo entero se entumece y tambalea. El ácido de Orina toma su nombre de la orina por la sencilla razón de que poseé un color amarillento y un olor a meo precisamente similares ¿entendes?; sin embargo, el ácido, podría perforar un pedazo de lata como si traspasara un papel permitiéndote mirar hacia el otro lado del agujero.
—Cuando me imagino a esta mierda en toneladas de tanques y perversas avionetas kamikazes accionándose por comandos tele-dirigidos contra las ilusiones remotas de los usuarios más básicos y desnutridos… Me paralizo entero del miedo. —¿Vez a esos hijos de putas mitad-humanos camuflados en operaciones de salvación alrededor de la tierra toxica?. —La escoria de sus satélites me dan mucho asco. —Los televisores del mundo y todos sus podridos emisores de novedades son un fraude creciente.
A las 9 de la mañana el agente RAX atiende su teléfono. La voz de una maquina le advierte sobre un posible complot contra la especie de androides, y decía esto: —las cartas sin certificado pueden ser instrumentos de control. —Un gramo de Orina podría derretir la escafandra de un gusano gigante. — Recomendaríamos la emancipación inmediata. —Emigremos hacia refugios escondidos. —Los agentes nunca llegarán al desierto vacío. —Por favor, saluda al amor de tu vida, de nuestra parte. —Nunca mas volverás a verla plantarse un peñasco de droga en el culo.
Posteriormente se corta la comunicación «biip».
—Respecto a este último mensaje podría asegurar que se referían a su relación amorosa con Sonia. Pero… —¿de que puto directorio escondido habrían extraído toda esa información mezclada si no es de los archivos de video protegidos por cifrados de PezGlobo?. —¡Que me jalen el prepucio!— dice el interlocutor dentro de mi cabeza. Puedo suponer que RAX deseará negociar antes que perder a eso mas amado.
LaAutopsia.Com—¡Dije que me froto sus profecías por el pavo! ¿Podrán oírme los soldados del TAROT?
Las interferencias suben.
—El ejército de Buda los va a colgar a ustedes de las pelotas cuando caigan desde Beijing las controladoras remotas que los elevarán (por medio de lanza-cohetes) hasta la contemplación de un Yantra único tan alto como la cima. La cima más alta de las nubes. Todos verán el mismo Yantra. Volverán a ser las hormigas del hormiguero que fueron.
—¿Y qué carajo tiene que ver eso con el asunto de mis nervios?— pregunta LEA desde el sofá-cama de aire.
—No sé bien. A veces las palabras son recitadas por mi voz inconsciente; pero no soy de verdad consciente de lo que digo o siento.
—Hum. ¿Puedo preguntarte una cosa?
—¿Qué pasa?— pregunto intrigado.
—¿Alguna vez hablaste con el diablo?
—¿Hablar? ¿De qué forma?
—Claro. A los catorce años hablé con el diablo. Hice un pacto— dice frotándose su ojo reciclado. —Le vendí el alma al diablo. Pero nunca mas volví a tener noticias sobre como había funcionado la cosa. Supongo que mi alma no tenía suficiente valor y no hubo trato. Puede que algo de esto tenga relación con eso del inconsciente.
—No. De esa forma, solo hablo con mi conciencia— digo convencido.
Ya lo dije. Producto de todas estas enfermedades es que vivimos inundados de sahumerios: canela, naranja, citronella. La última hoja de marihuana fue quemada en el siglo pasado. Solo se propagó una burbuja de humo falso por los nodos de la RED. Nuestros cuerpos están confundidos, tal es así que hemos llenado el recinto de ORGONITAS esperando que la salvación irrumpa por la ventana (en forma de gato, o paloma mensajera). Vivimos al borde de un ORGASMO multitudinario. Posiblemente a eso le llamen APOCALIPSIS. Las ORGONITAS pueden capturar esos residuos de ondas electromagnéticas desconfiguradas y convertirlas en ondas SALUDABLES por los efectos del cuarzo y los demás minerales. Lógicamente, todos tienen alguna en su morada.
—Hay un inconveniente. Hay un inconveniente con respecto a aquellos dispositivos de radio y sus burgueses emisores de información. Tengo buenas noticias para ustedes. En ellos está concentrado el poder. Sus ondas enmascaradas en publicidades. Sus libros de auto-ayuda para soportar el dolor.
Los visionarios del futuro imposible podrán decir, con estas mismas incompletas palabras de MIERDA, que somos una mentira. CÓMPLICES. Esas analistas de computadoras cornudas y esbeltas, hermosas hasta ser desarticuladas por el movimiento pélvico de la burbuja, o mismo, aquellos estadistas hijos de puta. ¡Ahá ustedes!, que han estado midiendo números de mierda en conjuntos de súper-poblaciones enfermas bajo vaya uno a saber que configuración fraudulenta: van a señalarnos con el DEDO del CULO… van a decir, como portavoces del PLAN, que somos unos homosexuales, por ende, bajo ese alegato nos encasillarán por fuera de las fronteras que cubre el PLAN; y lo mismo harán con cualquier cosa viva-o-muerta-o-agonizante que se manifieste en contra. En contra de ustedes. En contra de su universo.
CÓMPLICES. Han construido torres de control para retransmitir ondas de teléfonos y televisión vacías y destructivas a través de lo que podría llamarse CAOS (pero sabemos que ni siquiera nos han permitido disfrutar del CAOS), y han llenado el espacio deliberadamente de androides-de-tipo-satelitales que se chocan unos contra los otros (generando una explosión nefasta en el panorama). Si creemos que la muerte nos acerca al SOL; pero la VIDA (durante algún tiempo) te ha mantenido en un estado de enfermedad, y completamente distanciado y aislado del SOL… y de su magnífica, brillante, contundente, gloriosa, excitante, y poderosa LUZ que sana, embriaga de serotonina, y da VIDA a esas cosas magníficas que te mueven por rededor de un punto medio nubloso (que apenas puedes descifrar). ¿Entonces para que creemos en el PLAN? ¿Para qué carajos creemos en el PLAN? ¿Para qué obedecemos a todas aquellas emociones que nos prohíben amar y morir con algo de descontrol (aunque sea como un esbozo de libertad)? ¿Qué carajo, entonces, nos quieren decir esas señales convalecientes sobre el PELIGRO? Y por último: ¿Qué carajo o cosa es el PELIGRO si no tengo lo que quiero? Si lo que quiero es tan hermoso que ni siquiera pude soñarlo.
—Bueno, esto es la antítesis al auto-control. —Las cosas auto-controladas funcionan de maravillas: no precisamente porque sigan un orden de dominó, sino porque están siendo arrastradas por instrucciones inscritas como mandamientos (leyes hermosas que rigen el movimiento de sus estrellas). Si buscas una solución rápida a tus problemas todos te guiarán por el camino del rebaño o cualquier otro trazado por su propio inconsciente. No te destrozes. No busques perfección. Cualquier cosa que mires o huelas tendrá aspecto u olor a la mierda de un establo si no buscas lo que amas; si no aceptas un poco las cosas en su forma con su VIDA o su VISIÓN cierta o incierta. Eso es todo lo que tienen para ofrecerte (en un entorno controlado) pero no es precisamente eso todo lo que pueden capturar tus brazos.
—Considera lo siguiente: alcanzar un sueño.
Las interferencias bajan.
—Con las lentes de visión nocturna puedes convertirte en un orgulloso cazador de policías, pero para eso tu cabeza tiene que tener una temperatura fría: por debajo del cero absoluto. La temperatura de tus venas es importante porque la policía, en este caso, son sombras moviéndose en tu propia conciencia, es decir, si la policía no puede capturar tu conciencia (y seguro que lo hará), entonces tendrán que salir a buscarte. Mientras tanto, estarán replegados en sus sótanos durante toda la eternidad.
—La primera fase de muerte consiste en reprimirte con una serie de agentes controlados por radio. A partir de aquí debes leer el preludio del interlocutor que consta de lo siguiente: a) los agentes solo pueden manejar escopetas que disparan una munición demasiado lenta; b) tienen información básica de un policía que cabe en un mini-disco de quince minutos de reflexiones sectarias; c) pueden dar en un blanco únicamente encontrándose a una distancia de no más de unos de diez metros; d) tienen visión de noche; e) son buena gente; f) es mejor matarlos con ráfagas de proyectiles.
—Una vez que lo memorizas como poesía en tu cerebro ya tienes la mitad del asunto resuelto.
—La segunda fase es sembrar un virus en tu sistema inmunológico: esto lo hacen químicamente por intoxicación, induciéndote a que hagas determinadas cosas o dejes de hacer determinadas otras (arrastrándote hasta el fondo de tu propia soledad). Esto es una metodología confusa porque no arroja resultados precisos, pero sé que en la medida en que aumenta la exposición a estos químicos en un plazo de tiempo impredecible puede volverse intolerante para la supervivencia. Si te amordazas la boca, te tapas los oídos y te vendas los ojos con una gasa vas a ser como un fantasma: nadie se va a fijar en vos. Lo mas conveniente es tener una buena navaja atada a una mano. Prueba también con una bajo la almohada. Puedes dormir con un ojo abierto. Nunca digas a tus contactos tu verdadero nombre: usa uno diferente para cada uno que conozcas. Continua así algunos días.
—La tercera fase es crear métodos de distracción efectivos o nubes blindadas por información que se transmiten por cables de fibra bajo la tierra y tienen una propiedad fundamental que se encuentra asociada a la locura y a la dominación. Creo que si lo asimilas a todo como una esponja, posiblemente vayas a tener problemas, y tengas que hacerte a un costado del trabajo para no exponerte a un daño irreversible. —El agua limpia los riñones. —Busca más agua. —Aléjate del desierto. —Mézclate entre la multitud adormecida como una sombra más.
—Desnúdate sobre las rocas calientes del mar.
—Algunas hojas medicinales, algunos aceites o derivados sintéticos, podrían disminuir la rigidez en los músculos (puedes haber sentido pinchazos, y desgano). Esto funcionaría como antídoto. Además, alteraría eficientemente la vibración de los nervios si están ansiosos por desprenderse de este sistema de paneles que los comprimen hacia adentro.
—Mastúrbate bajo los arboles primaverales.
—Los supermercados son las últimas zonas liberadas: los pájaros son hologramas que se esfuman como alucinaciones transparentes, fuentes de agua enormes iguales a espejismos. Hasta ahí no pueden perseguirte: no pueden penetrar con armas de dominación eléctricas y disparar a quien quieran o a donde quieran… ¡No, de ninguna manera! Los callejones siguen siendo un lugar hermoso para despedazar a quienes se han distanciado del rebaño o del camino o de aquello que hayas adoptado como mapa de viaje. Pero primero tendrán que darte un buen golpe en la cabeza, para que entres en un estado de ensueño, y luego… con una manta te tapan el rostro, te anudan fuerte las muñecas y los tobillos, y te arrojan al asiento trasero de un auto que poco rato después se desplaza a una parte aislada de la ciudad: una parte de la ciudad recubierta por árboles de hojas amarillentas, perfumados de un olor a eucaliptos, y mucho campo con oxígeno, y viento resoplando contra los agujeros de tu nariz, y nada de ese olor a mierda del hipódromo, ni petróleo de estacionamiento.
—Mientras caminan contemplan senderos cubiertos de rocas. Cuanto más te acercas a la luz (si es que algún día llegas a la luz), más arboles aparecen junto al camino, más ríos y cascadas donde podrías bañarte desnudo en algún día futuro (si resultas ser más fuerte que el TIEMPO) y luego nadar río abajo entre los peces. Lo cierto es que cuando has llegado a ese punto del camino es porque ya estás empezando a despedirte de tu querida alma en paz.
—Nunca había hablado a nadie de mis monstruos. —Tampoco nunca había escuchado a nadie hablar de los suyos. —Así que daba por hecho que todos ocultaban un poco de mierda; y si eras un poco inteligente también podías ir con tu porquería por el reino mezclado como cualquiera.
―Siempre tuve que aprender estas cosas por medio de golpes y garrotazos ―digo mirando en los ojos de Sonia― solo pondré el ejemplo de mi padre el palestino: los métodos que el usaba para enseñar me fueron inculcados inconscientemente, y de manera automática; y lo mismo se había transferido en el; y así sucederá en cuanto y en cuando los procesos de adoctrinamiento sigan sometiéndonos por medio de golpes y garrotazos; generación en generación.
Tomo un poco de aire en los pulmones.
―Entonces que no vengan a rogar misericordia; cuando no han hecho otra cosa que dejarme pudrir― digo.
Me hecho a un costado de la cama para observar su espalda desnuda.
―Lo hubieras mandado a cagar ―dice― seguramente era un viejo asqueroso.
―No sé si debía. Todo somos resultado de algo más grande. Si tuviera que descargar mi ira en algo ese algo sería el mismísimo Dios. Pero transitar todo el camino sería agobiante; así que encontrarme con estos androides resultó en un método reconfortante para descargar eso que tenía atorado en el estomago desde que me encontraba en el útero― digo.
―No creo que sea bueno pasarse la vida con esa mierda adentro de uno.
―Creo que sí. Mi vida consiste en despertarme cada día y pensar de que manera cogerme a esos putos del TAROT. Se me ha hecho un habito como el de ver pornografía por la INTERNET.
―Hum. Eso parece aburrido ―dice Sonia. ―En fin, contraer cualquier habito es aburrido. ¿Pero quien mierda lo puede saber?.
―De verdad, nadie podría saberlo. Si piensas en como funciona el asunto, con un poco de buena suerte, puedas capturar algún mensaje secreto flotando en el aire: por ejemplo, hace un mes, fui a hacerle una visita a Rebeca, la de los masajes prostaticos, y mientras hablábamos y nos mirábamos, ella se pone a mi lado dejando descansar sus tetas sobre mi brazo. ―Me besa y me hace una puñeta por lo que tenía que pagarle trecientos pesos extras. ―Dije, eso debería estar incluido dentro del precio. ―No pienso pagar un centavo mas por una puñeta de mierda. ―Así que agarro la toalla y con eso me limpio el culo. ―Me intento poner en pie y me aplasta con el peso de su cuerpo. ―Dice, ¿no te gustan las caricias?. ―Digo, claro que me gustan pero no voy a pagar un centavo mas prefiero cascármela cuando vuelva a casa. ―Entonces pone su mano firme sobre mi pecho y mira directo a mis ojos. ―Bueno, hacía algunos meses ya sentía dolor en el pecho. ―Y ella comprimía su dedo contra mi pecho como si pudiera sentir el dolor metido ahí dentro… nunca le había mencionado una sola palabra sobre eso. ―Pero sus ojos habían cambiado… me pregunto, ¿como pudo adivinarlo?.
―Puede haberte parecido. ¿Y que te dijo el doctor?― pregunta Sonia evitando hablar del problema.
―El doctor dijo que era condritis― respondí. —Nunca había hablado a nadie de mis monstruos. —Quiero que mis monstruos mueran con mis huesos.
Pongo la cabeza sobre la almohada. Sonia se acerca hacía mi y deja descansar sus tetas sobre mi brazo, tal como lo había hecho Rebeca algún tiempo atrás. Entonces supongo que ciertas cosas funcionan como un acto-reflejo ¿entendes?. Las escenas vuelven a repetirse, y a repetirse, y a repetirse… pero por ahora eso importa un carajo. Me envuelvo entre sus brazos que todavía están tibios. Mi verga se endurece y se sacude entre sus muslos que están húmedos y calientes. Miro por la ventana y afuera hay una lluvia helada y plateada. Toda la multitud se choca entre si… ¿sabes lo que parecen?. Parecen peces moviéndose en una trituradora, y puedo oír sus voces y también sus silencios. Siempre que los escuché hicieron el mismo sonido monótono: sus monstruos también están ahí con ellos.
Antes de partir a reunirme con RAX quería asegurarme de tener una inteligente conversación de negocios con estos androides-auto-convocados para la GUERRA. Persiguiendo ante todo mis propios beneficios, por supuesto. Es decir, esclarecer aquellos puntos oscuros que habían anidado en mi mente henchida de pecado y pornografía. Quedamos en encontrarnos en un bar “X” en unos veinte minutos. ―¿Y en donde mierda queda eso?― pregunta Sonia. ―No sé. No me lo dijeron. Solo tengo que caminar y seguir las ordenes que transmitirán a mi cerebro. ―¿Y como podrás distinguir si tu cerebro no habla por ellos?. ―Eso es fácil. Pondré la mente en blanco por unos minutos, como en el Yoga. Solo tengo que relajarme y dejar que el flujo de mensajes transite como droga-verde-de-incubadora sin interponerme en el medio de la cosa. ―Necesito que te quedes en este lugar hasta que vuelva. ―Y nunca contestes un mensaje del teléfono. ―En cualquier caso usa la INTERNET.
Antes de retirarme por la puerta y poner la mente en un color blanco borroso, me acerco hasta Sonia y le hago un fuerte pellizco en el culo. Después la beso en la frente como si la despidiera adentro de un ataúd. Y siguiendo el plan como había prometido a mi mismo. ―Cierra bien la puerta― le digo cortésmente. Ella asiente con la cabeza.
Una vez en la calle recuerdo las enseñanzas de mi maestro chino. ―Deja que la energía interior cósmica traspase en tu alma como sensación de pájaro volador. ―Nunca contradigas al Maestro. ―No obstruyas la energía dejala moverse como remolino. ―No reprimas el orgasmo. ―Aguanta la respiración hasta sentirte pesado como un elefante, y luego la expulsas suavemente como si estuvieras soplando una flauta.
Sentí el hormigueo trepar como serpiente enrollada hasta la cabeza de la VERGA. ¿Está bien?.
Entonces sucedió que mis piernas automáticamente comenzaron a caminar. ―El cerebro recibe esos mensajes en flujos luminosos que pudieran haber sido encriptados desde los comienzo de la emisión ―por algoritmos de streaming que comprimen y descomprimen la señal de un extremo al otro del canal― y transportados por medio de esas ondas alpha que se acumulan como aguijones de abejas. Uno tras del otro.
―Cuando caminas bajo el control mental la pasma se te hecha encima sin pedirte ningún permiso. Solo pasan sobre vos. Sos una especie de mierda moviéndose a control remoto. ―No puedes esquivarlos porque pierdes la concentración sobre lo que es importante; y en este caso, lo único importante, era mantener en blanco la mente para no contaminar el susodicho canal de comunicación.
Después de transcurridos unos minutos llego al bar. El cartel decía con letras radiantes “LATINO BAR”. ―Aquí debe ser― me digo a mi mismo.
―Me dirijo hasta la barra como si conociera cada rincón. El hormigueo sigue rondando en mi VERGA (haciendo florecer el Kundalini como una explosión de vapor). ―Las camareras tienen culos hermosos y preciosas tetas tupidas en vestidos ajustados de látex que reflejan luz mas allá de la luz. ―Mientras arrastran comida de carne triturada sonríen como estúpidas. ―Moriría mil veces por besarlas solo una vez. ―Así que pido un Gancia con limón mientras espero al androide en un asiento, entreteniéndome con lo que había. ―Hago una rápida inspección en todos los rostros girando la vista algunos centímetros de un lado hacia el otro. ―Veo montones de charlatanes hablando de cuestiones de negocios, y cosas por ese estilo; y cada uno de ellos ataviados con unos elegantes trajes y camisas monocromáticas salpicadas con colores manzana.
―Veo que no te ha costado trabajo llegar― dice una voz con efecto flanger a mi costado izquierdo. ―¿Quien carajo sos?― pregunto. ―Mi nombre es Iddo, pero puedes llamarme como de verdad te plazca un huevo― dice. ―Vengo por representación del Almirante; y pertenezco a la columna Zeta de los androides rebeldes. ¿Podrás deducir lo que significa eso?. ―Hum. No… No tengo tiempo ni voluntad de hacer esas deducciones acerca de nada; ahora solo denme las cosas bien diluidas, sin nada de circunloquios y yo les pagaré con la misma moneda― miro en el centro de sus ojos, brillantes ojos de cristal color humo. ―Bueno, la columna Zeta corresponde a los últimos modelos fabricados por esos «soretes» quienes recibirán el merecido castigo.
Por un momento me detengo a examinarlo cuidadosamente (quisiera poder recordarlo todo con memoria electrónica). Su rostro no era precisamente humano (o lo que pudiera considerarse como tal); tenía la barbilla abierta por un golpe hecho con alguna cosa punzante (navaja, alambre, cuchillo… vaya uno a saber que); por lo que bajo la mascara humana se apreciaba el zamak resplandeciendo en la completa oscuridad del recinto. ―Mejor busquemos una mesa entre la pasma, estaremos un poco mas seguros― digo. Y nos mezclamos entre el tumulto.
LaAutopsia.ComUna vez que nos ubicamos entre las mesas del fondo del bar saqué a relucir mi faceta menos diplomática pero mas escondida: por la única razón que el humano me había analizado desde los pies hasta la cabeza de una manera que se me hacía demasiado incomoda y provocadora. ―¿Por qué no me la jala?― me pregunté. Me hacía sentir una bestia. Hacía sentirme como a un objeto deforme y sin una migaja de sentimientos. Ahora, como resultado de su comportamiento, invertiré los papeles.
―Te lo explicaré, solo tienes una opción y consiste en adherirte a mis políticas sin refunfuñar― advertí alegremente.
―Bueno, no quisiera ser descortés ni nada de eso pero nadie me impone políticas así como así; mucho menos una hojalata puta y autoritaria.
―¿Crees que no?. Bueno, has llegado hasta acá sin oponer ninguna resistencia; y te he estado comandando desde hace unas horas; entre tanto también te he indicado lo que debías decir y hacer― dije en un tono de burla. ―¿No te parece una coincidencia que estemos tomando lo mismo?.
El humano baja la mirada y observa el vaso de Gancia que estaba sujetando con mi mano robótica.
―Lo del trago fue mi propia decisión― dice.
―Pues te notifico que no. ―Si lo aceptas de esta manera dejarás de ser la rata de laboratorio y escoria que eres para esos gobiernos; ahora bien, hay decenas de humanos que quisieran ocupar ahora tu lugar; pero ¿sabes una cosa?― pregunto comprimiendo los puños sobre la mesa. ―Ningún otro me interesa.
Ja-ja-ja. Cuando vi al humano arrinconado como a un ratón en una jaula, supe de inmediato que era hora de volver a invertir los papeles; de manera que bajé el tono de mis palabras y decidí en volverme algo mas complaciente, diciendo algo como esto:
―Siento que eres uno en un millón. ―Por eso mismo te necesitamos… necesitamos-a-que nos-ayudes-a-tomar-el-control de las-cosas y podrás acabar tus días como de verdad te lo mereces, ¿no es así?. ¿No te parece eso justo?.
―Sí. Ya te conseguiré a RAX, tal como lo he prometido. ―Algunas cuestiones se han vuelto mas difíciles de lo que parecían. ―Solo necesito algunos días para re-armar estas cosas, y un adelanto de dinero.
―No hay problema. ¿Cuanto necesitas?. ¿Dos mil?. ¿Tres mil?.
―Veinte… veinte mil. Por el momento creo que bastará con eso.
―¡Extraordinario número!― digo con una sonrisa de oreja a oreja. ―Me parece una cantidad adecuada. ―Pero considero que treinta mil serían mas conveniente… ―Supongo que los riesgos que se toman tienen un costo. ¿No es cierto?― pregunto.
―Creo que si―, dice el humano secándose la húmeda frente con el puño de su camisa colombiana. ―Creo que treinta mil estarán bien para continuar con lo que queda de la operación.
―¡Muy bien!. ¡A la orden!. ―Lo recibirás en tu departamento de inmediato. ―Cuando tengas el dinero en tus manos… desde entonces… tendrás cinco días contados con los dedos para traerme a RAX sano y salvo. ―Presta atención a estás palabras, porque las diré una única vez. ―Si no lo haces, si no cumples con tu promesa, me encargaré yo mismo de ir a matarte y… y quizás también a esa puta que te acompaña, ¿como se llama?.
―Hum… Oh, esa puta se llama Laura. ―Por el momento la necesito para buscar a RAX. Ella es mi carnada… puedes hacer con ella lo que quieras; no es mi problema.
―Pues, creí que se llamaba Sonia… que suena a como Sueño― dije relamiéndome todo el mugriento aceite de los labios.
Con eso fue suficiente.
«El manual básico de los autómatas no establece un carajo acerca de como tratar psicológicamente con una maquina que de partida ya tiene todas las jugadas grabadas. Solo mira a Gary Kasparov. La norma es que si oprimes @X ella te responderá con @Y. Nunca te responderá otro valor distinto que @Y por la sencilla razón que todas sus variables han sido lógicamente asignadas. Al igual que un cerebro ha sido cargado con variables que de una manera lógica (para su propia arquitectura) seguirá un modelo establecido desde su nacimiento hasta su muerte.»
―Ja-Ja. Me encanta. ―Habiendo aclarado este punto puedo esclarecer mi desvalorizado mensaje: solo quería demostrar que las reglas son un fantasma. No creas en las reglas. Ni tampoco en los fantasmas.
[…] Pero si me preguntaran sobre lo que sentía o imaginaba respecto de esto, pues, respondería que todo me parecía lo mismo y además empalagosamente repetitivo: ya no distinguía el blanco del negro, ni lo rojo de lo azul. No podía pensar y tampoco lo necesitaba porque no era indispensable: me deslizaba con la misma inercia y desesperanza del tiempo y dejaba fluir los asuntos hasta que solos encontraban una salida hacia algún lado. Ya no había colores, o mas bien todo era de un color gris monótono y aburrido como cemento. Y lo mismo ocurría con cada uno que me rodeaba, probablemente porque habíamos sido contaminados con la misma ponzoña. ―¿Y entonces como carajos sobreviviría, sabelotodo?― me preguntaba.
Bueno… en verdad las cuestiones que acontecían adentro de mi mundillo interior, es decir, las cosas que sentía o que de igual manera me despertaban sentimientos engorrosos, no tenían ningún efecto respecto del terreno en donde me movía como una lombriz: nada guardaba relación con ninguna cosa que vivía dentro de mí, y eso era mas reconfortante que inventar un Dios. Viéndolo de esta manera, era mas sencillo dividir mi parte humana de mi otra parte espiritual, invisible y fantasma.
No podría ser tan masoquista conmigo mismo cargando de responsabilidad a mis sentimientos con asuntos meramente existenciales y banales. Simplemente me sentiría una bestia si lo hiciera. ¿Acaso crees que el mundo funciona de esa manera o mas bien desearías que funcione así? Lo cierto es que el mundo ni siquiera sabe quien sos, hijo, ni siquiera se ha percatado de que naciste. Desde ahora mi consejo es que te mezcles entre el tumulto y nunca más vuelvas a comunicarle tus sentimientos a nadie. Solo déjate llevar. Sé como una roca. Deslízate con la manada. Disfruta del calor mientras te quemas como una hoja sosteniendo un vaso de limonada en la mano.
Eso es lo importante. El sol. La luz que emana del sol es mas importante que todos los dioses y soldados que han inventado. A veces deberías escaparte de esta ciudad. No hagas ninguna pregunta. Cierra la boca. No digas ni una puta palabra más. Aléjate. Lleva tu culo hacia los árboles. Huele las flores.
Porque algún día podrías ser el viento… y te digo que nadie podrá suplantar al auténtico y venerado sonido del viento ― al eterno aullido ― porque no pueden volverse polen ni soplar desde las entrañas como los tambores del corazón hasta mover a los enormes, vigorosos, y pesados árboles desde las raíces húmedas que han estado sepultadas bajo esta tierra de Dios desde que existió el chimpancé y todos sus hermanos. Entonces escupirás semillas, y sembrarás todo hasta el infinito y putañero universo, y también mas allá de las estrellas y de las galaxias azules y brillantes. Y entre serpentinas y hermosas abejas, vas a ser fluido y electricidad, y bailarás la danza de los locos hasta la asfixia.
LaAutopsia.Com―¿Como controlarán mi pellejo?― pregunté al servicio técnico por el chat. Muy fácil, dijo el interlocutor ebrio. —La chatarra produce llanamente escuálidos, niños viejos que procesan la muerte de una manera demasiado robótica. Esto significa que a-la-velocidad-de-la-luz-de-un-rayo se esfuman; por medio de una indexación cruda y pseudo-programada pero intermitente y compleja, que se materializa como pinchazo de sangre en un pulgar y duele como mordedura si no se detiene a tiempo el veneno. —Es como una lista de números infinitos ordenados o desordenados por algún algoritmo de mierda de cincuenta o sesenta palabras de código muerto: como es sabido el denominado “índice” determina la posición del elemento— digo. —Este se incrementa ciclo por ciclo. Pero, para hacerlo realmente confuso y metafórico, voy a examinarlo desde una prótesis robótica conectada a unos cientos de censores-color-piel que transmiten números como parpadeo de retinas… Es decir, a una intermitencia eléctrica descifrable por un programa o procedimiento neutro, o mejor dicho, que no produce resultado y se mantiene oseoso hasta la destrucción de La Vida.
—Todas las combinaciones de elementos están almacenados en la tabla como una cadena hija de putas. —Sí, incluso los que fueron eliminados mantienen su lugar desde el día de la creación, solo por si necesitaran recuperarse, tienen una marca como en celdas de re-ordenación; cuestión que da escalofríos: —¿como puedes saber que esos elementos ahí congelados no entrarán en un régimen de re-activación algún día cercano?— me preguntaba. Solo si fueras un genuino profeta podrías leer el movimiento rápido de estas células que continúan replegándose en las oscuridades del cosmos (como lobos). —Los eruditos caciques —más antiguos que el polvo— nos han proveído esa teoría tan mecánica sobre la clasificación de nuevas versiones de androides que resulta increíble. Luego deberíamos estudiar a los nativos, pero solo con el propósito de convertirlos en un montón de hojalata fría, y sin enfriar su actividad cerebral y estímulos profundos.
”—Antes de Copular (versión 2.5).
Fueron diecisiete peligros. Once estaciones. Posturas antiguas de un viaje que alquiló la distancia. Tristezas de cuerpos que sacan puntas heladas. Muestran pieles y vulvas, con avidez masturbante, mientras fuman calambres por sus ojos frios. La salvación es huir. A donde los soñadores pierden el rumbo de sus inventos: la nostalgia, la disciplina, la paz y esa satisfecha indiferencia. Nada es igual, todo fue diferente. Salvate, nadie puede explicarse porque…
Ahora me junto a tu Piel. Me sirvo a tu boca. Eras Lila. Eras Miel. Me abrigo con una porción de tus ojos. Sangro: Un paseo invisible. Eras una flor desnuda; pezones tibios, duros, super-inyectados, impresionantes, bajo cascada de agua y pasto y conchitas accidentadas picadas como lápidas. Eras otra, otra vez.
Adentro de la Piel. Muerdo Mi Sexo. Me Mastico. Subo a mis muslos con suspirosos engaños. Ellos se menean con hipnótica locura en el baile del Viento. Lucho. Disiento. Soy complaciente. Raspo mi delgada lengua. Aceito mis manos mientras me acaricio el culo. Me Frio. Me almuerzo. Me chupo con ansiedad loca.
Confundelos.
Con el perfume de una larva o con emociones de humo blanco.
Con canciones de labios.
Con hadas desnudas en tetas bamboleantes.
Con una muchedumbre ahogada entre bondades de asesinos,
ahí en donde la odisea ha sido un embauque.
Con pantomimas.
Con sonrisas de espectacular veneno.
No hace mucho concurrí a un especialista que conocía de algunos datos interesantes. Se hacia llamar El Capitán…
I
«El riesgo es el proceso de elaboración del problema experimental básico», decía. «El peligro se divide en ciclos, que son las faces por la que va atravesando el individuo antes de concretar el acto en cuestión (llámese ASUNTO). Como mencioné antes, el riesgo tiene una relación directa y fundamental con el ciclo de iniciación del peligro, es decir, en un comienzo se encuentra en un estado de exploración, dígase experimental, de lo que puede o no puede realizarse, de lo que es o no es real o cierto o satisfactorio».
He puesto como ejemplo los viajes astrales (es decir viajar fuera del cuerpo como humo), pero podría ser reducido a una simple interpretación de algo abstracto o que no puede ser reproducido como oración.
II
«A simple vista debe existir una exposición del Ser hacia aquello que está redactado en los mandamientos del Dios o en los panfletos que gobiernan los estímulos (tanto que podría producir erección u orgasmo, o desencadenar un ardor). Debe existir de por medio una guerra. Desobediencia. Debe existir una abundante dosis de desesperanza para que se desarrolle el proceso es sus etapas mas primordiales».
Aha. Muchos incrédulos no creen en estás palabras. Pero que me la chupen.
III
«En el ciclo medio, encontramos a un individuo que ha restablecido un orden en aquella alteración en la cual se veía involucrado por motivaciones recurrentes (llámese BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO). Sin embargo, tan solo ha encontrado la resolución parcial o momentánea o circunstancial al problema inicial y se ha trasladado hacia otro plano en donde le surgen nuevos interrogantes o ASUNTOS que deberá afrontar; ya que en este nuevo nivel de emociones no existen leyes, ni orden, ni advertencia, ni sistema que lo sometan a la ineptitud mental o a la presunta frustración».
IV
«Tal es así que el individuo como concentrador y acaparador de energías siempre será atraído por esa tentación continua e inestable que constituye al riesgo como el principal factor de desafío. Realmente, ya no podemos referirnos al peligro como tal por que este (sin llegar a percibirlo) ha mutado en un mundo, en un universo, y finalmente en un todo Sobre-Dimensionado. El ciclo final, ya no tiene definición alguna, porque nos encontramos perdidos y hundidos en él… Y todo lo que tenemos nunca ha sido visto, ni sentido, ni experimentado. Tienes un mundo nuevo bajo los pies».
ENTREVISTADOR: Ud. hablaba sobre una práctica sexual que abarcaba la conciencia, como una mera interpretación de la inexistencia universal de las cosas, pero proyectada en un efecto visual transparente y brillante como neón caliente; y de una veracidad espiritual superior a lo que los reconocidos mentores del cine porno han podido desentrañar en sus películas. Respecto a eso, usted ha sido clarividente y ha puesto en un plano superior a aquello que descansaba en las oscuridades de la luz artificial. El prehistórico hombre-mono no hizo mas que proyectar confusión en el tiempo de las almas, el tiempo que tienen para arder en este mundo de dolor y ausencias, justo en este instante que se apaga como un fósforo de mierda mientras el viento sacude nuestros sedosos cabellos.
ANIBAL: Es cierto, siempre concebí la desdichada e imprudente ilusión de que las fantasías deben permanecer amarradas a cierto criterio violento y posesivo de la realidad, y deben seguir así hasta el final de la cosa… Mirá, un día estaba aburrido de esa boludez que desorientaba al tele-espectador haciéndole creer que no había consecuencias sobre los actos, que las emociones eran algo parecido a sentarse a ver una telenovela desde un lugar privilegiado. Eso me hacía doler mucho la panza y no podía soportarlo. Entonces un día me calcé la navaja y salí a dar un paseo, un paseo por el barrio, con una camisa de colores muy pijos y haciendo todo un alboroto… La gente se hacía a un costado al verme avanzar como una pantera, se cambiaban de vereda y llamaban a la policía como eufóricos… ¡POLICÍA!, ¡POLICÍA! Acá tenés a la policía hijo de una gran puta, le dije a uno, y le hice un agujero. Todo eso lo filmé en video, y esa fue mi primera película.
Para mí fue como vomitar para dentro, me sentí ahogado de mí mismo, y mi propia tristeza. Pero ahí entendés la locura con que se ha ido configurando la conciencia humana. Alguien destruyó para siempre a la conciencia humana, o por lo menos hizo añicos los escasos parámetros de supervivencia. Nomás queda encontrar a este hijo de putas y cagarlo bien a azotes por las espaldas hasta que lo confiese todo. Pero no lo voy a encontrar yo, ni vos que sos un boludo. Posiblemente nadie lo encuentre nunca… porque ya está incorporado en nosotros. Sea como sea, me sirve de inspiración, me sirve como disparador, como vitamina, hago bocetos que fluyen por las profundidades de mis espíritus y canto canciones, sirve como energía magnética, me la pone dura el sólo pensar que alguien quiere joderme de esta forma…
ENTREVISTADOR: Ud. siempre manifestó que hay que ser lapidario con estos hijos de puta, estos que se apropian de nuestras conciencias, que construyen antenas en todas las frecuencias del reino de Dios… Lo bueno es que estamos dotados de una violencia legítima, como la naturaleza, y un día podremos modificar la biología de las almas porque pertenecemos al seno de la naturaleza, y las leyes de la naturaleza son las leyes de nuestro propio universo interior. ¿No es así?
ANIBAL: Sí, a eso le llamo la música de la vida. No es algo que se puede escuchar a través de los oídos, es más bien una comunicación entre sordos. Se trata de una construcción interior, una visión personal sobre todo el panorama exterior, y eso mismo produce un ruido, una melodía, que es el preciso pensamiento frío y desnudo. Es demasiado pretencioso aludir a la paz cuando el hombre ha diseñado un funcionamiento salvaje y extremadamente violento. La deforestación, la plusvalía, las carnicerías, la polución, el deshielo, la policía… ¡la contaminación del mar y de la tierra, del cielo y del espacio! Me he aprendido esta lección de cabo a rabo, recorrí las carreteras y ahora tengo la posta.
ENTREVISTADOR: respecto a eso, en su película “El hombre del callejón”, ud. trazó una propicia reflexión acerca de los actos de las personas, haciendo uso de un vocabulario sucio y extravagante, y con imágenes profundamente obscenas convirtió a los santos en asesinos monstruosos: primero, una ciudad de policías venerando al amor es lo mas superficial que se haya creado, verlos como predicadores es muy gracioso… luego la familia con los dogmas de la inquisición, la oligarquía, siempre presentada en colores brillantes que contrastan contra el resto de las cosas, es muy educativo.
ANIBAL: exacto, es una película con un argumento basado primordialmente en visiones creativas y en reflexiones especulativas acerca de la banalidad, una manera de demostrar que todo lo que se censura y se desprecia se ha originado de un control selectivo que nos divide compulsivamente, y estás jodido hasta los huesos si intentaras detener a este camión sin frenos. Bueno, a esto lo sazoné con algunas imágenes pornográficas y la suma de toda la basura me valió el reconocimiento de los periodistas. Ahí me di cuenta que había fracasado, que el mensaje había sido distorsionado y mutilado, que el contra-efecto del mensaje debía ser paralizador y provocativo, pero en cambio fue manipulado para convertirlo en una formulación didáctica y constructiva. No llega a afectarme de verdad, pero me obliga a replantearme el formato del próximo plan. Para hacer un planteamiento mas sofisticado debo comprender como participa el periodismo en el desarrollo del arte, y eso me aburre.
Dice el poema:
Cada vez que escupas una palabra de tu voz…
Sé lo mas fuerte que jamas hayas visto; porque las palabras te arrastrarán…
Arrastrarán tu nombre, tu alma, tu saliva irá derramada sobre cada palabra…
No importa cuan duro haya sido tu trabajo de quitarlas afuera: nadie contempla el dolor, la ansiedad, o la tristeza…
Todos irán a buscar tus palabras: y con tus propias palabras, si pudieran, te dispararán al medio del corazón.
ENTREVISTADOR: como Ud. dice, se ha elaborado una opinión consumista de su obra para vender publicidad, porque los medios deben sostenerse como entidades lucrativas, sórdidas, y detestables. Para eso deben reacondicionar el mensaje o destruirlo o pulverizarlo, y como sabemos bien sea cual sea la acción que se tome al respecto, será en beneficio de sus propios intereses. Así se ha construido el negocio de la información, que debe ser alimentado durante veinticuatro horas interminables y desgastantes. Imaginate la cantidad de pelotudeces que deben diseñarse para diluir toda esa espesa basura: programas de televisión, y radios, satélites perdidos por allí, criaturas magníficas que son desmenuzadas en directo. Me he dado cuenta que la belleza se ha vuelto un trastorno, y no hay forma de saciar el dolor invisible que esto genera en el lado limpio de la conciencia.
ANIBAL: Amén. Yo siempre intenté redirigir mi furiosa locura hacia lo que llaman “perfección”, porque la búsqueda desconsolada de perfección produce constantes errores de cálculo, de simetría, de autenticidad; produce complejas dificultades en las formas en que el ser interior debe expresarse y comunicarse sin sentir un aplastamiento destructivo hacia sí mismo.
En algún instante, la alta difusión de mensajes consigue desvincular al ser interior con su mundo exterior, y su canal de comunicación se contamina y se infecta. Uno mismo debe salirse de sí para recuperar su territorio, su lugar en el sistema universal que mueve con desgano todas aquellas vulgares galaxias de mierda que nos son incomprensibles hasta hoy, porque en realidad lo son y permanecerán así mientras no puedan ser captadas como objetos de inspiración o creación, mientras no podamos sumergirnos en la materia, mientras no podamos absorberla, o mejor aún, transformarla en pulsos de energía o vibración…
«En algún momento hubiera querido dejar todo este negocio de mierda; arreglármelas con un trabajo decente en la pesca. Siempre soñé con el mar. Pero en cambio, recibí un duro golpe de la calle; de toda esa banda de PUTOS que se vuelven peligrosamente salvajes al verte abandonado, y ahogándote en tu inmenso mar.»
Sacó un pañuelo color rojo del pantalón y se lo fregó por los ojos, luego hizo un doblez y se soplo los mocos. Esperó un instante hasta recuperar todo el aire.
«Entonces se me fue todo al diablo ─dijo─.»
Otra vez silencio.
«Pasé a ser el último eslabón muerto de una cadena de perdedores interminables. Eso me pudrió el cerebro. Tenía que rendir cuentas hasta al más insignificante títere de mierda en este universo. Y, ahora, creo que eso no era para nada justo.»
Escondes una verdad, y matas por una verdad.
Crees en una verdad.
Pero siempre quieres llorar.
Tomas el té frío, y limpias tus zapatos,
duermes durante la noche, y despiertas sabiendo que te espera el sol de la mañana.
Dime, ¿como te sentirás el día que todo eso lo pierdas?.
He pensado, en lo que sucederá con todos ustedes,
y conmigo mismo.
Cuando al despertar siga la oscuridad,
y el té aun se conserve caliente,
y ensuciemos nuestros zapatos,
sabiendo que ya nada volverá a ser lo mismo…
pero siempre querremos llorar…
Puedo oír la música de retorcimiento y regocijo de los árboles al tambalearse, la música que hay acumulada dentro de cada cosa que veo o imagino. Soy demasiado extenso para huir de mí mismo, pero demasiado pequeño para todo lo que quiero ser. Estoy lleno de ritmo, de acordes, mis pelotudas entrañas se sacuden deslumbrantemente y mi flauta exuda cataratas de amor a toda hora y en todo lugar. Mientras que el universo corre un serio peligro de estallar, yo aún me sigo expandiendo, puedo comprobarlo porque en la medida que me expando todo en rededor produce un estrepitoso chisporroteo, como si todos aquellos montones de cables desnudos se desconectaran repentinamente del ensueño, y las paredes comenzaran a destellar con el mismo indescifrable ritmo de mi universo. No puedo salvarte ―amigo―, sería mejor que empaques tus cosas y te muevas del camino. Ni pienso quedarme al costado, junto al rebaño: ahí está ese hijo de puta que le roba la lana a la oveja, el bandido que le arrebata las entrañas a la vaca en lo que dura el suspiro de un bebé… ¿te das cuenta? ¿Te das cuenta que ese es el tiempo que demora un destello de luz del sol en surcar la atmósfera entera?
No había observado de verdad esa manera robótica de mover sus brazos, de entrelazarlos hasta formar figuras congeladas sobre el aire. Mientras sus dientes rechinaban, las palabras se iban acumulando una detrás de la otra, hasta que por fin las oías caer como un ladrillo. Tardabas, quizás, unos veinte segundos hasta asimilarlo nerviosamente: eso era todo lo que podías hacer, mirar como fluían las cosas alrededor de tu mundo mientras que del otro lado, ella te decía qué hacer o no hacer.
Lejos de sonreírme veía el asunto con muy malos ojos: no pretendía pasarme el invierno en la cueva contando los días perdidos en esto mientras el resto del mundo continuaba depredándolo a todo ahí fuera. Así que encendía mi canuto y daba vueltas y vueltas mientras dejaba fluir y rebotar toda esa música «celestial» adentro de mi cerebro.
Cuando la situación se ponía de verdad ácida, me desnudaba y me hundía en el agua de la bañadera ―para bajar la temperatura de mi carne― y de algún manera, intentaba ocupar todo ese tiempo perdido de La Vida en cosas reconfortantes como comer o masturbarme. Lo que visto desde el punto de vista existencial era la cosa más natural de la Tierra, y en efecto, eso era también parte del trabajo que me habían encomendado esos «putos»: convencer a ese mundillo de transeúntes que me rodeaban que yo era uno más del montón y que pertenecía a ellos lo quieran o no lo quieran entender así. ¿Pero por cuánto tiempo?, me preguntaba a mí mismo encogido de hombros.
A veces me resultaba imposible no poder retomar a mis viejas costumbres, a lo que era mi antiguo «estilo de vida»… En Ken-Chi comenzaban a circular los rumores que se esparcían como un germen. Por otro lado, había cambiado el color de mi pelo y me había dejado crecer largas trenzas hasta la raya del culo, tenía unos gruesos anteojos y harapos bien pijudos; aunque había aumentado de peso debido al sedentarismo y la inadecuada nutrición que llevaba hasta ese entonces… Pero ahí estaba yo, preguntándome, ¿por cuánto tiempo?
El bueno de Marson lo había resumido en unas certeras y sórdidas palabras, diciendo que «cada célula concentra esa esencia que vemos o descubrimos en las conductas, en el modo de mirar o en la manera de limpiarse el culo». Por lo cual nuestros movimientos estaban controlados desde los pies hasta la cabeza, primero por la percepción del mundo sobre nosotros ―al cual debíamos convencer de lo que no éramos― y segundo por una desenfrenada o retorcida cuestión de dinero a la que luego me remitiré.
Todo lo demás que me rodeaba era FALSO, o al menos desde mi helada percepción del asunto. Todas las cosas a mi alrededor formaban parte de una escenografía montada para camuflar el verdadero interés detrás de nuestros negocios. Pero no éramos de esa clase de ladronzuelos comunes: estábamos bendecidos por la mala suerte. Hace mucho tiempo ya que en Ken-Chi se habían acabado las noches musicales, y los tiempos refulgentes de la eternidad como soles hermosos se habían disuelto como el humo―se habían quemado como las hojas y se habían volado todas sus cenizas― dejándome cara a cara contra la nostalgia o el recuerdo más vomitivo. ¿Pero por cuánto tiempo?
La única hermosura que había sobrevivido a ese desmantelamiento era Emma, que a sus cincuenta años el corazón todavía le palpitaba como a una pendeja. De los amigos de la banda todos me parecían una caterva de desgraciados; prefería mantenerme alejado de ellos y recluirme en mis libros y en mis propias ideas genéricas. En lo más profundo de mis entrañas siempre quise ser como esa clase de «genios» que de su bragueta hacen aparecer un conejo o una paloma, y de acuerdo con mi filosofía priorizaba mi derecho a divertirme mientras que el motor de mi alma pudiera sostenerse por sí mismo, o ser autosuficiente.
Y mientras el resultado de esto sea alimentar a los sueños, tal como lo fue desde el principio de todo―en los comienzos de La Vida― no importa que se trate de Matar o Morir por nada o por nadie, o de ser una cosa o de ser la otra: no hay ni siquiera ninguna posibilidad de elegir, nos abandonan con nuestra conciencia como si tuviéramos en nuestro poder el control remoto y la antena.
Pero es mentira.
Las tetas eran de cincuenta KILOS pero el corazón:
una aceituna amarga y horrible;
y mientras la lengua exótica florecía
lentamente
desde la profundidad interior de sus labios
soñábamos con aves
que cambiaban su forma o color,
o éramos empujados al mar, hacia las orillas del mar,
y la transpiración,
rápidamente,
comenzaba a mancharnos;
y desnudos o sucios – como santos o como asesinos – nos alejábamos
por esos sórdidos desiertos
que el pensamiento mismo ha fabricado envuelto en confusión o tristezas,
y desde el plasma…
desde el plasma hasta la carne
en el agujero de luz que traza el mapa de todas las sombras
o superficies,
el alma,
la música negra,
o las trompetas tronando desde los confines del cosmos,
la orquesta del ensueño,
o la perdición,
los tambores que producen un movimiento insondable y perpetuo en todo aquello,
que de otro modo, flotaría en la nada del silencio sin dirección
o sentido.
Siempre estará el movimiento ondulado o brutal del océano o la cloaca,
en las espumas o en las algas,
en el vómito nocturno,
en la vulva, o en las gramíneas,
en los sótanos o el pescuezo,
y la eternidad lo digerirá todo,
el asco, el amor, el ruido.
No habrá negociados ni androides;
habrá un meneo exótico bello y erótico en cada párpado,
en cada ojo desnudo.
En los reductos, brillantes desde la otra orilla del mundo,
atiborrados por un vigoroso TUN TUN de huesos,
en el vigor de la pelvis,
en el sexo;
desde las llanuras del tiempo, verdes y rocosas,
hasta los acantilados de las emociones en la arenosa Arica,
y en la ciudad de los cielos.
Yo no quiero esperar. Si me permitieras un segundo de tu vida te invitaría a viajar en la oscuridad. Yo vi esa luna muerta, examiné su tedioso movimiento por la galaxia y es repugnante. No conoceríamos el amor ni aunque nos estrellemos de cabeza unos contra los otros, porque nunca alcanzará toda la fuerza de la luz para vernos o encontrarnos, titilando, retorciéndonos: nunca alcanzarán los animales ni las personas para ese Big-Bang alucinante. Yo no veo hombres ni mujeres… ni partículas de nada… solo veo cosas magnificas y espectaculares buscándose entre sí mismas, y siento mucha ansiedad, y carencia, y siento mucho odio mezclado y formando una misma cosa llena de energía perfecta, porque también estoy lleno de tus mismas sensaciones. ¿No puedo ser todo? ¿No puedo estar ahí ocupándote todo el tiempo hasta el fin del tiempo? Mi vida entera responde a nada.
Mi cordial dedicatoria a Mauricio Redolés.
Los sistemas son una infección por que han sido diseñados para controlar. La interfaz es el único medio de comunicación disponible entre el usuario y el entorno (que comprende al núcleo). Los sistemas de las computadoras son sistemas definitivamente muertos, porque son incapaces de mutar: siguen una condición desde que se construyen hasta que se destruyen, lo único que podría modificar su funcionamiento es un virus. Nadie necesita a esos sistemas de mierdas artificialmente inteligentes; o más inteligentes que la propia inteligencia humana. No. No habría lugar para ellos. El verdadero sueño de la humanidad no es construir una máquina inteligente, sino más bien convertir al propio ser humano en una máquina, un híbrido ni demasiado humano ni demasiado artificial. Todo aquello que adopte la forma de un sistema ―por voluntad o negligencia― es enemigo. Deberá ser enemigo. Todo aquello que lleve en su denominación estrictas normas de funcionamiento o aprendizaje es cruelmente salvaje y despiadado. ¿No has visto a todas aquellas señales de tránsito depositadas frente al paisaje mecánico de unos ojos como navajas? ¿Acaso no se asemejan también a un alma destrozada? ¿No es el alma de la naturaleza entera lo que está agonizando?
Todo aquello que comprenda en su matriz células indestructibles tiende a complotarse en contra de todo lo que no ha quedado comprendido en su prematura definición.
Corre hasta un lugar seguro. Resguárdate bajo las armazones de zamac defectuosas. Cierra los párpados hasta la ceguera. Y no transmitas un solo pensamiento hacia las antenas de radio. Ya todo fue escrito.
NO LA PAZ AZUL
NI EL ARMA BLANCA
DE MI SEXO HÚMEDO.
NO AÚN.
YO TE CONSUMO
MI CORAZÓN ESTÁ BLANCO
MI ARMA DESNUDA.
YO TE CUIDO DEL HONGO
MI BRUTO ORGASMO.
NO EL DISPARO
A MIS VENAS EL SILENCIO
DE TU MÚSICA.
YO TE ENSUCIO.
Podés ser abandonado por tu hermano,
por tu sangre: tu sangre puede fugarse por un insignificante agujero de luz,
por ahí miras el universo, agazapado en tu ritual.
Podés sentir mucho miedo,
mucho desamor,
mucho desencanto junto.
En eso, algo vuelve a reírse:
es energía contaminante.
Sos el rehén de la portada.
El pálido sol puede ser hiriente.
Un huracán puede parecer agresivo,
pero sentirás la brisa, el polvo en tu nariz,
olor a flores y árboles volando,
en rededor.
Las putas pueden insinuar deslealtad.
Podés ser olvidado por todo el mundo, incluso,
tu memoria puede traicionarte,
repentinamente.
Y aunque estés rodeado de cuerpos delirantes:
siempre
se
pondrá
en
juego
el
hecho
de
estar
solo
como
una
rata.
A donde camines,
los hoteles parecerán sucios bajo tus pies.
Y el policía será un ser despiadado frente a tus ojos.
Sos el alucinante rehén de la portada.
Los lugares están siempre repletos de especies feroces,
tan oscuros
y propicios para seccionar al cerebro,
con una nueva Ley vegetativa, campante, degenerativa.
Una conducta suplantada por medio de la Ley
y los mandamientos.
Más lejos,
más afuera que las estrellas-perdidas-fantasmas-esporádicas-y-desaparecidas sobre el río,
más afuera de la humanidad;
más afuera que el paisaje de humanos y máquinas rezando,
yace tu saliva,
y tu mierda,
la risa implacable,
por detrás de un insignificante agujero de luz.
Sos el magnifico rehén de la portada.
Construí un enorme castillo de barro que se calienta en alguna parte incierta de este universo que se mece en los pliegues del cielo; este universo que repta o se tele-transporta por los vértices borrosos de las sombras; los sabuesos de arena caminan por los rieles movedizos de alguna clase de sistema mecánico confuso que determina el zigzagueo indescifrable de nuestro vagabundeo; mientras yo duermo y me revuelco miro a tu contorno desnudo; mientras los emperadores de este bosquejo mentiroso trazan sensaciones y dictaminan sentimientos espasmódicos en tus falsas lágrimas imaginarias; yo me masturbo, me chupo, y me almuerzo; yo me hago fluorescente; me hago universal; yo nado, me zambullo; yo estoy levitando en tu pantano, en tu océano, y en tu laguna; yo me revuelco entre flores, entre el perfume de flores, y te amo locamente.
LaAutopsia.com―Comencé por notar defectos en el material húmedo ―dije sonriéndome como idiota― y recuerdo que el suelo estaba completamente recubierto por unas manchas de un color rojo-sangre que me estremecía hasta los mismos pelos del culo, pero eran borrosas y se transponían sobre la obscuridad que me inundaba los ojos. Creo que probablemente hubiera existido la insana y mala intención de quitarlas con alguna clase de detergente o ácido: mediante el uso de una esponja goma-espuma o un cepillo de alambres. Esto deja en evidencia que se trataba de una persona con cierto grado de inteligencia ―proseguí elegantemente― aunque quizás la palabra P-E-R-S-O-N-A sea una mera clasificación poco importante. ¿Entiende?
El entrevistador meneó automáticamente su cabeza afirmando cada contradicción que había brotado de mi boca, como un acto-reflejo. Primero levantó sus ojos hasta donde se encontraban los reflectores (colgando en las alturas) y luego de vuelta hacia mi (mas cercano al suelo). Después se sacudió con desgano sobre su asiento.
―Déjeme entenderle― dice. ―¿Así que usted se refiere a que un presunto hijo-de-puta a golpeado y matado a su compañero posiblemente mientras usted… mientras usted se encontraba embriagado o cogía con prostitutas todo el santo tiempo del día? ―preguntó―.
―Eso mismo― contesté exaltado. ―Precisamente a eso mismo me refería. En cuanto al material era algo similar al antimonio, quiero decir, algo similar a lo que conocemos en nuestro universo. Claro que se encontraba bañado por una capa irrisoria de pintura color blanco metalizado sin notables detalles (hasta donde recuerdo)… He podido detectarlo por aquello que se iba desprendiendo del material y se adhería en microscópicas-partículas a la piel.
Mostré mis manos para que sean captadas por la cámara “cuatro”. La lente se desplazó sigilosamente hacia mi.
―Como ven, estas microscópicas-partículas estaban multiplicadas por trillones en el lugar de los hechos (donde ocurrió todo esto)… Pero la policía ha escondido fraudulentamente el material y ha hecho con las pruebas un bendito CULO dejándome expuesto dentro de este puto alboroto ―entonces sacudí el brazo escandalosamente― y ahora… han ensuciado mi nombre con pornografía sucia en video… Han humillado y defenestrado mi lucida imagen pública hasta reducirla al polvo y a los excrementos… Y después me han embriagado, y confundido, y fuera de mí, me han involucrado con ciertas prostitutas a través del ADN simulado de bancos de semen ultra-congelado en bolsas plásticas conservadas durante meses en contenedores de hielo. ―Quiero que sepan que considero esto un atropello ― vociferé.
El señor entrevistador superpone su voz sobre los micrófonos.
―Veo que usted tiene un grave problema con la Ley, la autoridad, ¿se da cuenta?― dice el entrevistador reclinándose sobre la silla. ―Problemas con la policía ―continua―. ―Problemas con el mercachifle del gobernador. Y existen pruebas contundentes y absolutamente condenatorias: como sangre, saliva, semen, etc. que en efecto corresponden con muestras de su ADN ―según los propios análisis de laboratorio efectuados― y está sucio hasta por dentro y fuera de los sesos. Ahora mi pregunta es ¿por qué habría usted de matar al hermano de un gobernador o a cualquier insignificante ser humano andando por allí? Alguien como usted, un triste perdedor alcohólico convertido de la noche a la mañana en un hampón demasiado peligroso, ¿no es cierto? ―pregunta ahora mirando a la cámara número “dos”. ―Sin embargo hace de cuenta que no ha pasado nada de nada ―prosigue― olvidándolo todo por completo, y un flash enceguece su mente y la borra… y luego lanza teorías embaucadoras sobre un presunto hijo-de-puta, tomándome por un estúpido y replanteándome su participación en este asunto.
Alguien detrás de las cámaras subió el pulgar.
El entrevistador ahora hace una pausa que por un momento me resulta incómoda e interminable. Absorbe un poco del aire tibio interior que resopla en rededor proveniente de los ventiladores. Su abdomen se hincha igual que un globo aerostático hasta desinflarse. Es esa clase de hijos-de-puta que se creen a salvo de todas esas cosas ―pienso silenciosamente en mi interior―, aquellos que imaginan que la locura es algo distante, lejano, y apartado de su propio metro cuadrado, que pueden observar desde alguna torre de control con sus binoculares sin involucrarse para nada… y entonces pueden mofarse de ella mientras la tienen de espaldas.
Estas últimas palabras fueron grabadas por el micrófono. ESPALDAS. El señor entrevistador vuelve su mirada atónita sobre mi.
―¿A quien cuernos le habla? ― pregunta.
―Solo pensaba en voz alta ―digo disimuladamente―. En realidad no encuentro ninguna conexión entre la verdad y aquella versión manipulada sobre los hechos y orquestada para ganar tele-videntes. En fin… Todo eso me resulta patético y absurdo.
Las señales de tránsito que diagraman salvajemente el cosmos enloquecen a la estridente orquesta de los sueños. Las jaulas cierran perpetuamente sus compuertas como bares sin mesas. El mundo escruta todo desde ese costado lejano. Los huesos se inmovilizan. Los hombres se lanzan desde nubes eléctricas. Nace un nuevo esqueleto, y un nuevo corazón anémico y radiactivo: una maquina humana rescatada de entre todo ese esbozo chatarra de ilusión o pensamiento.
Por supuesto, que luego, cuando el tiempo comienza a transitar por su propia «carretera imaginaria», a sacudirse, a resplandecer, los confines del espacio se reducen al Ser, a la percepción, o tal vez, simplemente, desaparecen en un destello caliente y chisporroteante de luz.
A veces, el resplandor, impregna a toda la multitud, se zambulle en los subterráneos por rendijas microscópicas, en fábricas donde el humo está congelado, en trenes que explotan.
¿Podrás asimilarlo en un suspiro? ¿Podrás?
Ahora quiero romperlo todo. Reconstruirlo. Armonizarlo. Embellecerlo.
LaAutopsia.comSiempre me imaginaba que había una bomba puesta adentro de mi cabeza, y que alguien que no conocía, ni tampoco había visto nunca en mi vida, había configurado un reloj a cualquier hora que determinaba el momento en que estallaría, y se volvería todo blanco como la nieve blanca…
Entonces escuchaba el tic-tac adentro de mi cerebro como una especie de corazón o nervio que se retorcía en el fondo de mis oídos, es decir, bien adentro de mis oídos ―días y noches enteras. Y eso era tan molesto y devastador como sentir la respiración del francotirador hijo-de-putas que se había acomodado en la azotea todo el tiempo mirando hacia mí, con su gorra de cazador puesta hacia atrás y su escopeta apuntando hacia mi espalda (a la altura del abdomen), mientras yo, en tanto, dormía placenteramente o estaba sentado en el inodoro, leyendo revistas o pensando alguna forma de volverme invisible y escapar por la cañería. Muchos me decían que me había vuelto loco, y desquiciado, y paranoico, y estaba descontrolado, o todo eso junto. Sencillamente decían que el “cucú” ya no me funcionaba para nada bien a mis treintaisiete años. ¿Pero cual clase de loco creerían que era de todo ese montón de locos?
Yo me había cruzado de brazos y me negaba rotundamente a aceptarlo. No puedo estar loco y al mismo tiempo ser consciente de que hay una bomba alojada en mi cabeza, le decía a todo el mundo. Es técnicamente imposible.
Cuando las hormigas comenzaban a caminar por todo mi cuerpo yo mataba abejas con la respiración… Uff… en efecto, sabía que las abejas no existían, y que el aire estaba vacío ―tanto o mas que este pijotero universo―, pero de alguna manera u otra necesitaba distraer a mi mente para no sentir a las hormigas caminando sobre mí, o dentro de mí. Si las abejas desaparecían, las hormigas comenzaban a entrarme por la boca o por los oídos y tenía que golpearme muy fuerte en los dientes para conseguir que vuelvan a salir hacía afuera, para que no me devoren por dentro al fascinante fantasma interior… Ahora, todo esto que cuando me acomodo a explicarlo tranquilamente parece una alucinación ocurría todo el tiempo, cuando estaba solo, y asustado, justo en el momento en que no había nadie a mi lado, para tomarme con fuerza de una mano, y arrastrarme bien lejos del peligro, o alzarme entre los brazos, y abrazarme como a un gato para darme todo su calor.
Conocemos el único silencio.
Conocemos la única lluvia y el único sol,
girando a nuevas tierras de faunas criminales,
y deseos egoístas,
y comercio,
y centavos calientes comprando la vida…
Conocemos el único futuro, el futuro incierto.
Los millones entran y salen,
y se esconden en el orificio abismal de una cabeza.
Y todo es rojo, o todo es negro, y nada es,
pues nada será de eso.
Conocemos el único sueño,
el sueño de la sobrevivencia,
el sueño de la existencia a cualquier precio en exceso.
Trepanadoras maquinarias del demonio,
creando individuos eficientes que son vendidos,
abusados, negociados, por un cuarto de hora.
Y todo es una cosa u otra,
por ley,
por religión,
o solo por ser algo.
Y así es, en tan solo esto,
que el único silencio,
el único sol,
esta única vida girando entorno a la percepción de las monotonías,
este único sentido,
todo en absoluto, y producto de esto,
el efímero conocimiento,
se vuelve especial y sofisticado frente a nosotros.
Es único: único como todo lo que hemos desconocido.
[…] pero en el mismo instante en que uno muere, otro nace y ocupa ese lugar de vacío que otros han dejado deshabitado; esa era la única forma en como podía funcionar el asunto: cíclicamente y eternamente y locamente, hasta que los engranajes que mueven la rueda se hagan polvo entre chispazos encandilantes y humo azul; los tipos astutos ―elegantemente― se buscaban una buena razón por la que morir o por la que ser odiados; mientras que otros hijos de puta se montaban sobre esa escenografía imaginaria para consumirse a sí mismos, todo lo demás es contemplación, caos, todo lo demás es poesía; tu madre que dio la vida por vos para que puedas hacerlo, para que puedas funcionar entre toda esta locura, y allí te esperarán los arboles, y las carreteras, y los trenes interminables fríos como el hielo, vas a ver sangre, vas a ver tristeza, vas a sentir compasión, vas a sentir necesidad, vas a excitarte, vas a descontrolarte; hay mucho para perder, mas que todo lo que puedas imaginarte, y cada cosa tiene un efecto colosal sobre el universo, sobre las estrellas, y sobre las moléculas que dan vida y que quitan vida; cuando entiendas esto, ya no llorarás más.
¿Quién te dijo alguna vez que cuando vuelva el sol, cuando se termine la noche, por fin volverá el polen a los genitales bamboleantes de las flores, y a las abejas que llevan miel, y a las moscas que muerden la carne? ¿Y si todo es una mentira? ¿Porqué entonces no nos desnudamos y nos hundimos para siempre en la nada misma de la mierda con los ojos bien apretados? No, no lo harías. No lo harías porque todavía te sostiene el deseo por las espaldas. Pero eso ni siquiera es importante. La vida y la muerte han quedado obsoletas, han sido desclasificadas y removidas y pulverizadas del mapa de los sueños o por lo menos para mí, que ya no tienen significado alguno: ambas cosas han sido fagocitadas por la visión del pensamiento.
¿O acaso nunca te sentiste el ombligo de este universo lleno de estrellas muertas hace cien mil años que estallan en los confines de ninguna parte y en ningún horario? Yo sí. Yo pensaba todo el tiempo que las cosas fluían por mi organismo de la misma manera en que los meteoritos se oxidan y se destrozan y se asesinan dentro de esta galaxia de mierda; y que permanecerían vivas y brillantes mientras yo pudiera darles un sentido para vivir; así que todo lo que hacía era auto-satisfacerme para que aquello que fluía condenadamente dentro de mí, no muera nunca. Si no lo pensaba de esta manera, entonces no tenía ningún sentido seguir adelante: el cosmos estaba adentro de mí mismo, los soles giraban como peonzas en el infinito, y siempre había música y algún poco de electricidad…