[…] Pero si me preguntaran sobre lo que sentía o imaginaba respecto de esto, pues, respondería que todo me parecía lo mismo y además empalagosamente repetitivo: ya no distinguía el blanco del negro, ni lo rojo de lo azul. No podía pensar y tampoco lo necesitaba porque no era indispensable: me deslizaba con la misma inercia y desesperanza del tiempo y dejaba fluir los asuntos hasta que solos encontraban una salida hacia algún lado. Ya no había colores, o mas bien todo era de un color gris monótono y aburrido como cemento. Y lo mismo ocurría con cada uno que me rodeaba, probablemente porque habíamos sido contaminados con la misma ponzoña. ―¿Y entonces como carajos sobreviviría, sabelotodo?― me preguntaba.
Bueno… en verdad las cuestiones que acontecían adentro de mi mundillo interior, es decir, las cosas que sentía o que de igual manera me despertaban sentimientos engorrosos, no tenían ningún efecto respecto del terreno en donde me movía como una lombriz: nada guardaba relación con ninguna cosa que vivía dentro de mí, y eso era mas reconfortante que inventar un Dios. Viéndolo de esta manera, era mas sencillo dividir mi parte humana de mi otra parte espiritual, invisible y fantasma.
No podría ser tan masoquista conmigo mismo cargando de responsabilidad a mis sentimientos con asuntos meramente existenciales y banales. Simplemente me sentiría una bestia si lo hiciera. ¿Acaso crees que el mundo funciona de esa manera o mas bien desearías que funcione así? Lo cierto es que el mundo ni siquiera sabe quien sos, hijo, ni siquiera se ha percatado de que naciste. Desde ahora mi consejo es que te mezcles entre el tumulto y nunca más vuelvas a comunicarle tus sentimientos a nadie. Solo déjate llevar. Sé como una roca. Deslízate con la manada. Disfruta del calor mientras te quemas como una hoja sosteniendo un vaso de limonada en la mano.
Eso es lo importante. El sol. La luz que emana del sol es mas importante que todos los dioses y soldados que han inventado. A veces deberías escaparte de esta ciudad. No hagas ninguna pregunta. Cierra la boca. No digas ni una puta palabra más. Aléjate. Lleva tu culo hacia los árboles. Huele las flores.
Porque algún día podrías ser el viento… y te digo que nadie podrá suplantar al auténtico y venerado sonido del viento ― al eterno aullido ― porque no pueden volverse polen ni soplar desde las entrañas como los tambores del corazón hasta mover a los enormes, vigorosos, y pesados árboles desde las raíces húmedas que han estado sepultadas bajo esta tierra de Dios desde que existió el chimpancé y todos sus hermanos. Entonces escupirás semillas, y sembrarás todo hasta el infinito y putañero universo, y también mas allá de las estrellas y de las galaxias azules y brillantes. Y entre serpentinas y hermosas abejas, vas a ser fluido y electricidad, y bailarás la danza de los locos hasta la asfixia.
LaAutopsia.Com―¿Como controlarán mi pellejo?― pregunté al servicio técnico por el chat. Muy fácil, dijo el interlocutor ebrio. —La chatarra produce llanamente escuálidos, niños viejos que procesan la muerte de una manera demasiado robótica. Esto significa que a-la-velocidad-de-la-luz-de-un-rayo se esfuman; por medio de una indexación cruda y pseudo-programada pero intermitente y compleja, que se materializa como pinchazo de sangre en un pulgar y duele como mordedura si no se detiene a tiempo el veneno. —Es como una lista de números infinitos ordenados o desordenados por algún algoritmo de mierda de cincuenta o sesenta palabras de código muerto: como es sabido el denominado “índice” determina la posición del elemento— digo. —Este se incrementa ciclo por ciclo. Pero, para hacerlo realmente confuso y metafórico, voy a examinarlo desde una prótesis robótica conectada a unos cientos de censores-color-piel que transmiten números como parpadeo de retinas… Es decir, a una intermitencia eléctrica descifrable por un programa o procedimiento neutro, o mejor dicho, que no produce resultado y se mantiene oseoso hasta la destrucción de La Vida.
—Todas las combinaciones de elementos están almacenados en la tabla como una cadena hija de putas. —Sí, incluso los que fueron eliminados mantienen su lugar desde el día de la creación, solo por si necesitaran recuperarse, tienen una marca como en celdas de re-ordenación; cuestión que da escalofríos: —¿como puedes saber que esos elementos ahí congelados no entrarán en un régimen de re-activación algún día cercano?— me preguntaba. Solo si fueras un genuino profeta podrías leer el movimiento rápido de estas células que continúan replegándose en las oscuridades del cosmos (como lobos). —Los eruditos caciques —más antiguos que el polvo— nos han proveído esa teoría tan mecánica sobre la clasificación de nuevas versiones de androides que resulta increíble. Luego deberíamos estudiar a los nativos, pero solo con el propósito de convertirlos en un montón de hojalata fría, y sin enfriar su actividad cerebral y estímulos profundos.
”—Antes de Copular (versión 2.5).
Fueron diecisiete peligros. Once estaciones. Posturas antiguas de un viaje que alquiló la distancia. Tristezas de cuerpos que sacan puntas heladas. Muestran pieles y vulvas, con avidez masturbante, mientras fuman calambres por sus ojos frios. La salvación es huir. A donde los soñadores pierden el rumbo de sus inventos: la nostalgia, la disciplina, la paz y esa satisfecha indiferencia. Nada es igual, todo fue diferente. Salvate, nadie puede explicarse porque…
Ahora me junto a tu Piel. Me sirvo a tu boca. Eras Lila. Eras Miel. Me abrigo con una porción de tus ojos. Sangro: Un paseo invisible. Eras una flor desnuda; pezones tibios, duros, super-inyectados, impresionantes, bajo cascada de agua y pasto y conchitas accidentadas picadas como lápidas. Eras otra, otra vez.
Adentro de la Piel. Muerdo Mi Sexo. Me Mastico. Subo a mis muslos con suspirosos engaños. Ellos se menean con hipnótica locura en el baile del Viento. Lucho. Disiento. Soy complaciente. Raspo mi delgada lengua. Aceito mis manos mientras me acaricio el culo. Me Frio. Me almuerzo. Me chupo con ansiedad loca.
Confundelos.
Con el perfume de una larva o con emociones de humo blanco.
Con canciones de labios.
Con hadas desnudas en tetas bamboleantes.
Con una muchedumbre ahogada entre bondades de asesinos,
ahí en donde la odisea ha sido un embauque.
Con pantomimas.
Con sonrisas de espectacular veneno.
No hace mucho concurrí a un especialista que conocía de algunos datos interesantes. Se hacia llamar El Capitán…
I
«El riesgo es el proceso de elaboración del problema experimental básico», decía. «El peligro se divide en ciclos, que son las faces por la que va atravesando el individuo antes de concretar el acto en cuestión (llámese ASUNTO). Como mencioné antes, el riesgo tiene una relación directa y fundamental con el ciclo de iniciación del peligro, es decir, en un comienzo se encuentra en un estado de exploración, dígase experimental, de lo que puede o no puede realizarse, de lo que es o no es real o cierto o satisfactorio».
He puesto como ejemplo los viajes astrales (es decir viajar fuera del cuerpo como humo), pero podría ser reducido a una simple interpretación de algo abstracto o que no puede ser reproducido como oración.
II
«A simple vista debe existir una exposición del Ser hacia aquello que está redactado en los mandamientos del Dios o en los panfletos que gobiernan los estímulos (tanto que podría producir erección u orgasmo, o desencadenar un ardor). Debe existir de por medio una guerra. Desobediencia. Debe existir una abundante dosis de desesperanza para que se desarrolle el proceso es sus etapas mas primordiales».
Aha. Muchos incrédulos no creen en estás palabras. Pero que me la chupen.
III
«En el ciclo medio, encontramos a un individuo que ha restablecido un orden en aquella alteración en la cual se veía involucrado por motivaciones recurrentes (llámese BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO). Sin embargo, tan solo ha encontrado la resolución parcial o momentánea o circunstancial al problema inicial y se ha trasladado hacia otro plano en donde le surgen nuevos interrogantes o ASUNTOS que deberá afrontar; ya que en este nuevo nivel de emociones no existen leyes, ni orden, ni advertencia, ni sistema que lo sometan a la ineptitud mental o a la presunta frustración».
IV
«Tal es así que el individuo como concentrador y acaparador de energías siempre será atraído por esa tentación continua e inestable que constituye al riesgo como el principal factor de desafío. Realmente, ya no podemos referirnos al peligro como tal por que este (sin llegar a percibirlo) ha mutado en un mundo, en un universo, y finalmente en un todo Sobre-Dimensionado. El ciclo final, ya no tiene definición alguna, porque nos encontramos perdidos y hundidos en él… Y todo lo que tenemos nunca ha sido visto, ni sentido, ni experimentado. Tienes un mundo nuevo bajo los pies».
ENTREVISTADOR: Ud. hablaba sobre una práctica sexual que abarcaba la conciencia, como una mera interpretación de la inexistencia universal de las cosas, pero proyectada en un efecto visual transparente y brillante como neón caliente; y de una veracidad espiritual superior a lo que los reconocidos mentores del cine porno han podido desentrañar en sus películas. Respecto a eso, usted ha sido clarividente y ha puesto en un plano superior a aquello que descansaba en las oscuridades de la luz artificial. El prehistórico hombre-mono no hizo mas que proyectar confusión en el tiempo de las almas, el tiempo que tienen para arder en este mundo de dolor y ausencias, justo en este instante que se apaga como un fósforo de mierda mientras el viento sacude nuestros sedosos cabellos.
ANIBAL: Es cierto, siempre concebí la desdichada e imprudente ilusión de que las fantasías deben permanecer amarradas a cierto criterio violento y posesivo de la realidad, y deben seguir así hasta el final de la cosa… Mirá, un día estaba aburrido de esa boludez que desorientaba al tele-espectador haciéndole creer que no había consecuencias sobre los actos, que las emociones eran algo parecido a sentarse a ver una telenovela desde un lugar privilegiado. Eso me hacía doler mucho la panza y no podía soportarlo. Entonces un día me calcé la navaja y salí a dar un paseo, un paseo por el barrio, con una camisa de colores muy pijos y haciendo todo un alboroto… La gente se hacía a un costado al verme avanzar como una pantera, se cambiaban de vereda y llamaban a la policía como eufóricos… ¡POLICÍA!, ¡POLICÍA! Acá tenés a la policía hijo de una gran puta, le dije a uno, y le hice un agujero. Todo eso lo filmé en video, y esa fue mi primera película.
Para mí fue como vomitar para dentro, me sentí ahogado de mí mismo, y mi propia tristeza. Pero ahí entendés la locura con que se ha ido configurando la conciencia humana. Alguien destruyó para siempre a la conciencia humana, o por lo menos hizo añicos los escasos parámetros de supervivencia. Nomás queda encontrar a este hijo de putas y cagarlo bien a azotes por las espaldas hasta que lo confiese todo. Pero no lo voy a encontrar yo, ni vos que sos un boludo. Posiblemente nadie lo encuentre nunca… porque ya está incorporado en nosotros. Sea como sea, me sirve de inspiración, me sirve como disparador, como vitamina, hago bocetos que fluyen por las profundidades de mis espíritus y canto canciones, sirve como energía magnética, me la pone dura el sólo pensar que alguien quiere joderme de esta forma…
ENTREVISTADOR: Ud. siempre manifestó que hay que ser lapidario con estos hijos de puta, estos que se apropian de nuestras conciencias, que construyen antenas en todas las frecuencias del reino de Dios… Lo bueno es que estamos dotados de una violencia legítima, como la naturaleza, y un día podremos modificar la biología de las almas porque pertenecemos al seno de la naturaleza, y las leyes de la naturaleza son las leyes de nuestro propio universo interior. ¿No es así?
ANIBAL: Sí, a eso le llamo la música de la vida. No es algo que se puede escuchar a través de los oídos, es más bien una comunicación entre sordos. Se trata de una construcción interior, una visión personal sobre todo el panorama exterior, y eso mismo produce un ruido, una melodía, que es el preciso pensamiento frío y desnudo. Es demasiado pretencioso aludir a la paz cuando el hombre ha diseñado un funcionamiento salvaje y extremadamente violento. La deforestación, la plusvalía, las carnicerías, la polución, el deshielo, la policía… ¡la contaminación del mar y de la tierra, del cielo y del espacio! Me he aprendido esta lección de cabo a rabo, recorrí las carreteras y ahora tengo la posta.
ENTREVISTADOR: respecto a eso, en su película “El hombre del callejón”, ud. trazó una propicia reflexión acerca de los actos de las personas, haciendo uso de un vocabulario sucio y extravagante, y con imágenes profundamente obscenas convirtió a los santos en asesinos monstruosos: primero, una ciudad de policías venerando al amor es lo mas superficial que se haya creado, verlos como predicadores es muy gracioso… luego la familia con los dogmas de la inquisición, la oligarquía, siempre presentada en colores brillantes que contrastan contra el resto de las cosas, es muy educativo.
ANIBAL: exacto, es una película con un argumento basado primordialmente en visiones creativas y en reflexiones especulativas acerca de la banalidad, una manera de demostrar que todo lo que se censura y se desprecia se ha originado de un control selectivo que nos divide compulsivamente, y estás jodido hasta los huesos si intentaras detener a este camión sin frenos. Bueno, a esto lo sazoné con algunas imágenes pornográficas y la suma de toda la basura me valió el reconocimiento de los periodistas. Ahí me di cuenta que había fracasado, que el mensaje había sido distorsionado y mutilado, que el contra-efecto del mensaje debía ser paralizador y provocativo, pero en cambio fue manipulado para convertirlo en una formulación didáctica y constructiva. No llega a afectarme de verdad, pero me obliga a replantearme el formato del próximo plan. Para hacer un planteamiento mas sofisticado debo comprender como participa el periodismo en el desarrollo del arte, y eso me aburre.
Dice el poema:
Cada vez que escupas una palabra de tu voz…
Sé lo mas fuerte que jamas hayas visto; porque las palabras te arrastrarán…
Arrastrarán tu nombre, tu alma, tu saliva irá derramada sobre cada palabra…
No importa cuan duro haya sido tu trabajo de quitarlas afuera: nadie contempla el dolor, la ansiedad, o la tristeza…
Todos irán a buscar tus palabras: y con tus propias palabras, si pudieran, te dispararán al medio del corazón.
ENTREVISTADOR: como Ud. dice, se ha elaborado una opinión consumista de su obra para vender publicidad, porque los medios deben sostenerse como entidades lucrativas, sórdidas, y detestables. Para eso deben reacondicionar el mensaje o destruirlo o pulverizarlo, y como sabemos bien sea cual sea la acción que se tome al respecto, será en beneficio de sus propios intereses. Así se ha construido el negocio de la información, que debe ser alimentado durante veinticuatro horas interminables y desgastantes. Imaginate la cantidad de pelotudeces que deben diseñarse para diluir toda esa espesa basura: programas de televisión, y radios, satélites perdidos por allí, criaturas magníficas que son desmenuzadas en directo. Me he dado cuenta que la belleza se ha vuelto un trastorno, y no hay forma de saciar el dolor invisible que esto genera en el lado limpio de la conciencia.
ANIBAL: Amén. Yo siempre intenté redirigir mi furiosa locura hacia lo que llaman “perfección”, porque la búsqueda desconsolada de perfección produce constantes errores de cálculo, de simetría, de autenticidad; produce complejas dificultades en las formas en que el ser interior debe expresarse y comunicarse sin sentir un aplastamiento destructivo hacia sí mismo.
En algún instante, la alta difusión de mensajes consigue desvincular al ser interior con su mundo exterior, y su canal de comunicación se contamina y se infecta. Uno mismo debe salirse de sí para recuperar su territorio, su lugar en el sistema universal que mueve con desgano todas aquellas vulgares galaxias de mierda que nos son incomprensibles hasta hoy, porque en realidad lo son y permanecerán así mientras no puedan ser captadas como objetos de inspiración o creación, mientras no podamos sumergirnos en la materia, mientras no podamos absorberla, o mejor aún, transformarla en pulsos de energía o vibración…
«En algún momento hubiera querido dejar todo este negocio de mierda; arreglármelas con un trabajo decente en la pesca. Siempre soñé con el mar. Pero en cambio, recibí un duro golpe de la calle; de toda esa banda de PUTOS que se vuelven peligrosamente salvajes al verte abandonado, y ahogándote en tu inmenso mar.»
Sacó un pañuelo color rojo del pantalón y se lo fregó por los ojos, luego hizo un doblez y se soplo los mocos. Esperó un instante hasta recuperar todo el aire.
«Entonces se me fue todo al diablo ─dijo─.»
Otra vez silencio.
«Pasé a ser el último eslabón muerto de una cadena de perdedores interminables. Eso me pudrió el cerebro. Tenía que rendir cuentas hasta al más insignificante títere de mierda en este universo. Y, ahora, creo que eso no era para nada justo.»
Escondes una verdad, y matas por una verdad.
Crees en una verdad.
Pero siempre quieres llorar.
Tomas el té frío, y limpias tus zapatos,
duermes durante la noche, y despiertas sabiendo que te espera el sol de la mañana.
Dime, ¿como te sentirás el día que todo eso lo pierdas?.
He pensado, en lo que sucederá con todos ustedes,
y conmigo mismo.
Cuando al despertar siga la oscuridad,
y el té aun se conserve caliente,
y ensuciemos nuestros zapatos,
sabiendo que ya nada volverá a ser lo mismo…
pero siempre querremos llorar…
Puedo oír la música de retorcimiento y regocijo de los árboles al tambalearse, la música que hay acumulada dentro de cada cosa que veo o imagino. Soy demasiado extenso para huir de mí mismo, pero demasiado pequeño para todo lo que quiero ser. Estoy lleno de ritmo, de acordes, mis pelotudas entrañas se sacuden deslumbrantemente y mi flauta exuda cataratas de amor a toda hora y en todo lugar. Mientras que el universo corre un serio peligro de estallar, yo aún me sigo expandiendo, puedo comprobarlo porque en la medida que me expando todo en rededor produce un estrepitoso chisporroteo, como si todos aquellos montones de cables desnudos se desconectaran repentinamente del ensueño, y las paredes comenzaran a destellar con el mismo indescifrable ritmo de mi universo. No puedo salvarte ―amigo―, sería mejor que empaques tus cosas y te muevas del camino. Ni pienso quedarme al costado, junto al rebaño: ahí está ese hijo de puta que le roba la lana a la oveja, el bandido que le arrebata las entrañas a la vaca en lo que dura el suspiro de un bebé… ¿te das cuenta? ¿Te das cuenta que ese es el tiempo que demora un destello de luz del sol en surcar la atmósfera entera?
No había observado de verdad esa manera robótica de mover sus brazos, de entrelazarlos hasta formar figuras congeladas sobre el aire. Mientras sus dientes rechinaban, las palabras se iban acumulando una detrás de la otra, hasta que por fin las oías caer como un ladrillo. Tardabas, quizás, unos veinte segundos hasta asimilarlo nerviosamente: eso era todo lo que podías hacer, mirar como fluían las cosas alrededor de tu mundo mientras que del otro lado, ella te decía qué hacer o no hacer.
Lejos de sonreírme veía el asunto con muy malos ojos: no pretendía pasarme el invierno en la cueva contando los días perdidos en esto mientras el resto del mundo continuaba depredándolo a todo ahí fuera. Así que encendía mi canuto y daba vueltas y vueltas mientras dejaba fluir y rebotar toda esa música «celestial» adentro de mi cerebro.
Cuando la situación se ponía de verdad ácida, me desnudaba y me hundía en el agua de la bañadera ―para bajar la temperatura de mi carne― y de algún manera, intentaba ocupar todo ese tiempo perdido de La Vida en cosas reconfortantes como comer o masturbarme. Lo que visto desde el punto de vista existencial era la cosa más natural de la Tierra, y en efecto, eso era también parte del trabajo que me habían encomendado esos «putos»: convencer a ese mundillo de transeúntes que me rodeaban que yo era uno más del montón y que pertenecía a ellos lo quieran o no lo quieran entender así. ¿Pero por cuánto tiempo?, me preguntaba a mí mismo encogido de hombros.
A veces me resultaba imposible no poder retomar a mis viejas costumbres, a lo que era mi antiguo «estilo de vida»… En Ken-Chi comenzaban a circular los rumores que se esparcían como un germen. Por otro lado, había cambiado el color de mi pelo y me había dejado crecer largas trenzas hasta la raya del culo, tenía unos gruesos anteojos y harapos bien pijudos; aunque había aumentado de peso debido al sedentarismo y la inadecuada nutrición que llevaba hasta ese entonces… Pero ahí estaba yo, preguntándome, ¿por cuánto tiempo?
El bueno de Marson lo había resumido en unas certeras y sórdidas palabras, diciendo que «cada célula concentra esa esencia que vemos o descubrimos en las conductas, en el modo de mirar o en la manera de limpiarse el culo». Por lo cual nuestros movimientos estaban controlados desde los pies hasta la cabeza, primero por la percepción del mundo sobre nosotros ―al cual debíamos convencer de lo que no éramos― y segundo por una desenfrenada o retorcida cuestión de dinero a la que luego me remitiré.
Todo lo demás que me rodeaba era FALSO, o al menos desde mi helada percepción del asunto. Todas las cosas a mi alrededor formaban parte de una escenografía montada para camuflar el verdadero interés detrás de nuestros negocios. Pero no éramos de esa clase de ladronzuelos comunes: estábamos bendecidos por la mala suerte. Hace mucho tiempo ya que en Ken-Chi se habían acabado las noches musicales, y los tiempos refulgentes de la eternidad como soles hermosos se habían disuelto como el humo―se habían quemado como las hojas y se habían volado todas sus cenizas― dejándome cara a cara contra la nostalgia o el recuerdo más vomitivo. ¿Pero por cuánto tiempo?
La única hermosura que había sobrevivido a ese desmantelamiento era Emma, que a sus cincuenta años el corazón todavía le palpitaba como a una pendeja. De los amigos de la banda todos me parecían una caterva de desgraciados; prefería mantenerme alejado de ellos y recluirme en mis libros y en mis propias ideas genéricas. En lo más profundo de mis entrañas siempre quise ser como esa clase de «genios» que de su bragueta hacen aparecer un conejo o una paloma, y de acuerdo con mi filosofía priorizaba mi derecho a divertirme mientras que el motor de mi alma pudiera sostenerse por sí mismo, o ser autosuficiente.
Y mientras el resultado de esto sea alimentar a los sueños, tal como lo fue desde el principio de todo―en los comienzos de La Vida― no importa que se trate de Matar o Morir por nada o por nadie, o de ser una cosa o de ser la otra: no hay ni siquiera ninguna posibilidad de elegir, nos abandonan con nuestra conciencia como si tuviéramos en nuestro poder el control remoto y la antena.
Pero es mentira.
Las tetas eran de cincuenta KILOS pero el corazón:
una aceituna amarga y horrible;
y mientras la lengua exótica florecía
lentamente
desde la profundidad interior de sus labios
soñábamos con aves
que cambiaban su forma o color,
o éramos empujados al mar, hacia las orillas del mar,
y la transpiración,
rápidamente,
comenzaba a mancharnos;
y desnudos o sucios – como santos o como asesinos – nos alejábamos
por esos sórdidos desiertos
que el pensamiento mismo ha fabricado envuelto en confusión o tristezas,
y desde el plasma…
desde el plasma hasta la carne
en el agujero de luz que traza el mapa de todas las sombras
o superficies,
el alma,
la música negra,
o las trompetas tronando desde los confines del cosmos,
la orquesta del ensueño,
o la perdición,
los tambores que producen un movimiento insondable y perpetuo en todo aquello,
que de otro modo, flotaría en la nada del silencio sin dirección
o sentido.
Siempre estará el movimiento ondulado o brutal del océano o la cloaca,
en las espumas o en las algas,
en el vómito nocturno,
en la vulva, o en las gramíneas,
en los sótanos o el pescuezo,
y la eternidad lo digerirá todo,
el asco, el amor, el ruido.
No habrá negociados ni androides;
habrá un meneo exótico bello y erótico en cada párpado,
en cada ojo desnudo.
En los reductos, brillantes desde la otra orilla del mundo,
atiborrados por un vigoroso TUN TUN de huesos,
en el vigor de la pelvis,
en el sexo;
desde las llanuras del tiempo, verdes y rocosas,
hasta los acantilados de las emociones en la arenosa Arica,
y en la ciudad de los cielos.
Yo no quiero esperar. Si me permitieras un segundo de tu vida te invitaría a viajar en la oscuridad. Yo vi esa luna muerta, examiné su tedioso movimiento por la galaxia y es repugnante. No conoceríamos el amor ni aunque nos estrellemos de cabeza unos contra los otros, porque nunca alcanzará toda la fuerza de la luz para vernos o encontrarnos, titilando, retorciéndonos: nunca alcanzarán los animales ni las personas para ese Big-Bang alucinante. Yo no veo hombres ni mujeres… ni partículas de nada… solo veo cosas magnificas y espectaculares buscándose entre sí mismas, y siento mucha ansiedad, y carencia, y siento mucho odio mezclado y formando una misma cosa llena de energía perfecta, porque también estoy lleno de tus mismas sensaciones. ¿No puedo ser todo? ¿No puedo estar ahí ocupándote todo el tiempo hasta el fin del tiempo? Mi vida entera responde a nada.
Mi cordial dedicatoria a Mauricio Redolés.
Los sistemas son una infección por que han sido diseñados para controlar. La interfaz es el único medio de comunicación disponible entre el usuario y el entorno (que comprende al núcleo). Los sistemas de las computadoras son sistemas definitivamente muertos, porque son incapaces de mutar: siguen una condición desde que se construyen hasta que se destruyen, lo único que podría modificar su funcionamiento es un virus. Nadie necesita a esos sistemas de mierdas artificialmente inteligentes; o más inteligentes que la propia inteligencia humana. No. No habría lugar para ellos. El verdadero sueño de la humanidad no es construir una máquina inteligente, sino más bien convertir al propio ser humano en una máquina, un híbrido ni demasiado humano ni demasiado artificial. Todo aquello que adopte la forma de un sistema ―por voluntad o negligencia― es enemigo. Deberá ser enemigo. Todo aquello que lleve en su denominación estrictas normas de funcionamiento o aprendizaje es cruelmente salvaje y despiadado. ¿No has visto a todas aquellas señales de tránsito depositadas frente al paisaje mecánico de unos ojos como navajas? ¿Acaso no se asemejan también a un alma destrozada? ¿No es el alma de la naturaleza entera lo que está agonizando?
Todo aquello que comprenda en su matriz células indestructibles tiende a complotarse en contra de todo lo que no ha quedado comprendido en su prematura definición.
Corre hasta un lugar seguro. Resguárdate bajo las armazones de zamac defectuosas. Cierra los párpados hasta la ceguera. Y no transmitas un solo pensamiento hacia las antenas de radio. Ya todo fue escrito.
NO LA PAZ AZUL
NI EL ARMA BLANCA
DE MI SEXO HÚMEDO.
NO AÚN.
YO TE CONSUMO
MI CORAZÓN ESTÁ BLANCO
MI ARMA DESNUDA.
YO TE CUIDO DEL HONGO
MI BRUTO ORGASMO.
NO EL DISPARO
A MIS VENAS EL SILENCIO
DE TU MÚSICA.
YO TE ENSUCIO.
Podés ser abandonado por tu hermano,
por tu sangre: tu sangre puede fugarse por un insignificante agujero de luz,
por ahí miras el universo, agazapado en tu ritual.
Podés sentir mucho miedo,
mucho desamor,
mucho desencanto junto.
En eso, algo vuelve a reírse:
es energía contaminante.
Sos el rehén de la portada.
El pálido sol puede ser hiriente.
Un huracán puede parecer agresivo,
pero sentirás la brisa, el polvo en tu nariz,
olor a flores y árboles volando,
en rededor.
Las putas pueden insinuar deslealtad.
Podés ser olvidado por todo el mundo, incluso,
tu memoria puede traicionarte,
repentinamente.
Y aunque estés rodeado de cuerpos delirantes:
siempre
se
pondrá
en
juego
el
hecho
de
estar
solo
como
una
rata.
A donde camines,
los hoteles parecerán sucios bajo tus pies.
Y el policía será un ser despiadado frente a tus ojos.
Sos el alucinante rehén de la portada.
Los lugares están siempre repletos de especies feroces,
tan oscuros
y propicios para seccionar al cerebro,
con una nueva Ley vegetativa, campante, degenerativa.
Una conducta suplantada por medio de la Ley
y los mandamientos.
Más lejos,
más afuera que las estrellas-perdidas-fantasmas-esporádicas-y-desaparecidas sobre el río,
más afuera de la humanidad;
más afuera que el paisaje de humanos y máquinas rezando,
yace tu saliva,
y tu mierda,
la risa implacable,
por detrás de un insignificante agujero de luz.
Sos el magnifico rehén de la portada.
Construí un enorme castillo de barro que se calienta en alguna parte incierta de este universo que se mece en los pliegues del cielo; este universo que repta o se tele-transporta por los vértices borrosos de las sombras; los sabuesos de arena caminan por los rieles movedizos de alguna clase de sistema mecánico confuso que determina el zigzagueo indescifrable de nuestro vagabundeo; mientras yo duermo y me revuelco miro a tu contorno desnudo; mientras los emperadores de este bosquejo mentiroso trazan sensaciones y dictaminan sentimientos espasmódicos en tus falsas lágrimas imaginarias; yo me masturbo, me chupo, y me almuerzo; yo me hago fluorescente; me hago universal; yo nado, me zambullo; yo estoy levitando en tu pantano, en tu océano, y en tu laguna; yo me revuelco entre flores, entre el perfume de flores, y te amo locamente.
LaAutopsia.com―Comencé por notar defectos en el material húmedo ―dije sonriéndome como idiota― y recuerdo que el suelo estaba completamente recubierto por unas manchas de un color rojo-sangre que me estremecía hasta los mismos pelos del culo, pero eran borrosas y se transponían sobre la obscuridad que me inundaba los ojos. Creo que probablemente hubiera existido la insana y mala intención de quitarlas con alguna clase de detergente o ácido: mediante el uso de una esponja goma-espuma o un cepillo de alambres. Esto deja en evidencia que se trataba de una persona con cierto grado de inteligencia ―proseguí elegantemente― aunque quizás la palabra P-E-R-S-O-N-A sea una mera clasificación poco importante. ¿Entiende?
El entrevistador meneó automáticamente su cabeza afirmando cada contradicción que había brotado de mi boca, como un acto-reflejo. Primero levantó sus ojos hasta donde se encontraban los reflectores (colgando en las alturas) y luego de vuelta hacia mi (mas cercano al suelo). Después se sacudió con desgano sobre su asiento.
―Déjeme entenderle― dice. ―¿Así que usted se refiere a que un presunto hijo-de-puta a golpeado y matado a su compañero posiblemente mientras usted… mientras usted se encontraba embriagado o cogía con prostitutas todo el santo tiempo del día? ―preguntó―.
―Eso mismo― contesté exaltado. ―Precisamente a eso mismo me refería. En cuanto al material era algo similar al antimonio, quiero decir, algo similar a lo que conocemos en nuestro universo. Claro que se encontraba bañado por una capa irrisoria de pintura color blanco metalizado sin notables detalles (hasta donde recuerdo)… He podido detectarlo por aquello que se iba desprendiendo del material y se adhería en microscópicas-partículas a la piel.
Mostré mis manos para que sean captadas por la cámara “cuatro”. La lente se desplazó sigilosamente hacia mi.
―Como ven, estas microscópicas-partículas estaban multiplicadas por trillones en el lugar de los hechos (donde ocurrió todo esto)… Pero la policía ha escondido fraudulentamente el material y ha hecho con las pruebas un bendito CULO dejándome expuesto dentro de este puto alboroto ―entonces sacudí el brazo escandalosamente― y ahora… han ensuciado mi nombre con pornografía sucia en video… Han humillado y defenestrado mi lucida imagen pública hasta reducirla al polvo y a los excrementos… Y después me han embriagado, y confundido, y fuera de mí, me han involucrado con ciertas prostitutas a través del ADN simulado de bancos de semen ultra-congelado en bolsas plásticas conservadas durante meses en contenedores de hielo. ―Quiero que sepan que considero esto un atropello ― vociferé.
El señor entrevistador superpone su voz sobre los micrófonos.
―Veo que usted tiene un grave problema con la Ley, la autoridad, ¿se da cuenta?― dice el entrevistador reclinándose sobre la silla. ―Problemas con la policía ―continua―. ―Problemas con el mercachifle del gobernador. Y existen pruebas contundentes y absolutamente condenatorias: como sangre, saliva, semen, etc. que en efecto corresponden con muestras de su ADN ―según los propios análisis de laboratorio efectuados― y está sucio hasta por dentro y fuera de los sesos. Ahora mi pregunta es ¿por qué habría usted de matar al hermano de un gobernador o a cualquier insignificante ser humano andando por allí? Alguien como usted, un triste perdedor alcohólico convertido de la noche a la mañana en un hampón demasiado peligroso, ¿no es cierto? ―pregunta ahora mirando a la cámara número “dos”. ―Sin embargo hace de cuenta que no ha pasado nada de nada ―prosigue― olvidándolo todo por completo, y un flash enceguece su mente y la borra… y luego lanza teorías embaucadoras sobre un presunto hijo-de-puta, tomándome por un estúpido y replanteándome su participación en este asunto.
Alguien detrás de las cámaras subió el pulgar.
El entrevistador ahora hace una pausa que por un momento me resulta incómoda e interminable. Absorbe un poco del aire tibio interior que resopla en rededor proveniente de los ventiladores. Su abdomen se hincha igual que un globo aerostático hasta desinflarse. Es esa clase de hijos-de-puta que se creen a salvo de todas esas cosas ―pienso silenciosamente en mi interior―, aquellos que imaginan que la locura es algo distante, lejano, y apartado de su propio metro cuadrado, que pueden observar desde alguna torre de control con sus binoculares sin involucrarse para nada… y entonces pueden mofarse de ella mientras la tienen de espaldas.
Estas últimas palabras fueron grabadas por el micrófono. ESPALDAS. El señor entrevistador vuelve su mirada atónita sobre mi.
―¿A quien cuernos le habla? ― pregunta.
―Solo pensaba en voz alta ―digo disimuladamente―. En realidad no encuentro ninguna conexión entre la verdad y aquella versión manipulada sobre los hechos y orquestada para ganar tele-videntes. En fin… Todo eso me resulta patético y absurdo.
Las señales de tránsito que diagraman salvajemente el cosmos enloquecen a la estridente orquesta de los sueños. Las jaulas cierran perpetuamente sus compuertas como bares sin mesas. El mundo escruta todo desde ese costado lejano. Los huesos se inmovilizan. Los hombres se lanzan desde nubes eléctricas. Nace un nuevo esqueleto, y un nuevo corazón anémico y radiactivo: una maquina humana rescatada de entre todo ese esbozo chatarra de ilusión o pensamiento.
Por supuesto, que luego, cuando el tiempo comienza a transitar por su propia «carretera imaginaria», a sacudirse, a resplandecer, los confines del espacio se reducen al Ser, a la percepción, o tal vez, simplemente, desaparecen en un destello caliente y chisporroteante de luz.
A veces, el resplandor, impregna a toda la multitud, se zambulle en los subterráneos por rendijas microscópicas, en fábricas donde el humo está congelado, en trenes que explotan.
¿Podrás asimilarlo en un suspiro? ¿Podrás?
Ahora quiero romperlo todo. Reconstruirlo. Armonizarlo. Embellecerlo.
LaAutopsia.comSiempre me imaginaba que había una bomba puesta adentro de mi cabeza, y que alguien que no conocía, ni tampoco había visto nunca en mi vida, había configurado un reloj a cualquier hora que determinaba el momento en que estallaría, y se volvería todo blanco como la nieve blanca…
Entonces escuchaba el tic-tac adentro de mi cerebro como una especie de corazón o nervio que se retorcía en el fondo de mis oídos, es decir, bien adentro de mis oídos ―días y noches enteras. Y eso era tan molesto y devastador como sentir la respiración del francotirador hijo-de-putas que se había acomodado en la azotea todo el tiempo mirando hacia mí, con su gorra de cazador puesta hacia atrás y su escopeta apuntando hacia mi espalda (a la altura del abdomen), mientras yo, en tanto, dormía placenteramente o estaba sentado en el inodoro, leyendo revistas o pensando alguna forma de volverme invisible y escapar por la cañería. Muchos me decían que me había vuelto loco, y desquiciado, y paranoico, y estaba descontrolado, o todo eso junto. Sencillamente decían que el “cucú” ya no me funcionaba para nada bien a mis treintaisiete años. ¿Pero cual clase de loco creerían que era de todo ese montón de locos?
Yo me había cruzado de brazos y me negaba rotundamente a aceptarlo. No puedo estar loco y al mismo tiempo ser consciente de que hay una bomba alojada en mi cabeza, le decía a todo el mundo. Es técnicamente imposible.
Cuando las hormigas comenzaban a caminar por todo mi cuerpo yo mataba abejas con la respiración… Uff… en efecto, sabía que las abejas no existían, y que el aire estaba vacío ―tanto o mas que este pijotero universo―, pero de alguna manera u otra necesitaba distraer a mi mente para no sentir a las hormigas caminando sobre mí, o dentro de mí. Si las abejas desaparecían, las hormigas comenzaban a entrarme por la boca o por los oídos y tenía que golpearme muy fuerte en los dientes para conseguir que vuelvan a salir hacía afuera, para que no me devoren por dentro al fascinante fantasma interior… Ahora, todo esto que cuando me acomodo a explicarlo tranquilamente parece una alucinación ocurría todo el tiempo, cuando estaba solo, y asustado, justo en el momento en que no había nadie a mi lado, para tomarme con fuerza de una mano, y arrastrarme bien lejos del peligro, o alzarme entre los brazos, y abrazarme como a un gato para darme todo su calor.
Conocemos el único silencio.
Conocemos la única lluvia y el único sol,
girando a nuevas tierras de faunas criminales,
y deseos egoístas,
y comercio,
y centavos calientes comprando la vida…
Conocemos el único futuro, el futuro incierto.
Los millones entran y salen,
y se esconden en el orificio abismal de una cabeza.
Y todo es rojo, o todo es negro, y nada es,
pues nada será de eso.
Conocemos el único sueño,
el sueño de la sobrevivencia,
el sueño de la existencia a cualquier precio en exceso.
Trepanadoras maquinarias del demonio,
creando individuos eficientes que son vendidos,
abusados, negociados, por un cuarto de hora.
Y todo es una cosa u otra,
por ley,
por religión,
o solo por ser algo.
Y así es, en tan solo esto,
que el único silencio,
el único sol,
esta única vida girando entorno a la percepción de las monotonías,
este único sentido,
todo en absoluto, y producto de esto,
el efímero conocimiento,
se vuelve especial y sofisticado frente a nosotros.
Es único: único como todo lo que hemos desconocido.
[…] pero en el mismo instante en que uno muere, otro nace y ocupa ese lugar de vacío que otros han dejado deshabitado; esa era la única forma en como podía funcionar el asunto: cíclicamente y eternamente y locamente, hasta que los engranajes que mueven la rueda se hagan polvo entre chispazos encandilantes y humo azul; los tipos astutos ―elegantemente― se buscaban una buena razón por la que morir o por la que ser odiados; mientras que otros hijos de puta se montaban sobre esa escenografía imaginaria para consumirse a sí mismos, todo lo demás es contemplación, caos, todo lo demás es poesía; tu madre que dio la vida por vos para que puedas hacerlo, para que puedas funcionar entre toda esta locura, y allí te esperarán los arboles, y las carreteras, y los trenes interminables fríos como el hielo, vas a ver sangre, vas a ver tristeza, vas a sentir compasión, vas a sentir necesidad, vas a excitarte, vas a descontrolarte; hay mucho para perder, mas que todo lo que puedas imaginarte, y cada cosa tiene un efecto colosal sobre el universo, sobre las estrellas, y sobre las moléculas que dan vida y que quitan vida; cuando entiendas esto, ya no llorarás más.
¿Quién te dijo alguna vez que cuando vuelva el sol, cuando se termine la noche, por fin volverá el polen a los genitales bamboleantes de las flores, y a las abejas que llevan miel, y a las moscas que muerden la carne? ¿Y si todo es una mentira? ¿Porqué entonces no nos desnudamos y nos hundimos para siempre en la nada misma de la mierda con los ojos bien apretados? No, no lo harías. No lo harías porque todavía te sostiene el deseo por las espaldas. Pero eso ni siquiera es importante. La vida y la muerte han quedado obsoletas, han sido desclasificadas y removidas y pulverizadas del mapa de los sueños o por lo menos para mí, que ya no tienen significado alguno: ambas cosas han sido fagocitadas por la visión del pensamiento.
¿O acaso nunca te sentiste el ombligo de este universo lleno de estrellas muertas hace cien mil años que estallan en los confines de ninguna parte y en ningún horario? Yo sí. Yo pensaba todo el tiempo que las cosas fluían por mi organismo de la misma manera en que los meteoritos se oxidan y se destrozan y se asesinan dentro de esta galaxia de mierda; y que permanecerían vivas y brillantes mientras yo pudiera darles un sentido para vivir; así que todo lo que hacía era auto-satisfacerme para que aquello que fluía condenadamente dentro de mí, no muera nunca. Si no lo pensaba de esta manera, entonces no tenía ningún sentido seguir adelante: el cosmos estaba adentro de mí mismo, los soles giraban como peonzas en el infinito, y siempre había música y algún poco de electricidad…