[…] Pero si me preguntaran sobre lo que sentía o imaginaba respecto de esto, pues, respondería que todo me parecía lo mismo y además empalagosamente repetitivo: ya no distinguía el blanco del negro, ni lo rojo de lo azul. No podía pensar y tampoco lo necesitaba porque no era indispensable: me deslizaba con la misma inercia y desesperanza del tiempo y dejaba fluir los asuntos hasta que solos encontraban una salida hacia algún lado. Ya no había colores, o mas bien todo era de un color gris monótono y aburrido como cemento. Y lo mismo ocurría con cada uno que me rodeaba, probablemente porque habíamos sido contaminados con la misma ponzoña. ―¿Y entonces como carajos sobreviviría, sabelotodo?― me preguntaba.
Bueno… en verdad las cuestiones que acontecían adentro de mi mundillo interior, es decir, las cosas que sentía o que de igual manera me despertaban sentimientos engorrosos, no tenían ningún efecto respecto del terreno en donde me movía como una lombriz: nada guardaba relación con ninguna cosa que vivía dentro de mí, y eso era mas reconfortante que inventar un Dios. Viéndolo de esta manera, era mas sencillo dividir mi parte humana de mi otra parte espiritual, invisible y fantasma.
No podría ser tan masoquista conmigo mismo cargando de responsabilidad a mis sentimientos con asuntos meramente existenciales y banales. Simplemente me sentiría una bestia si lo hiciera. ¿Acaso crees que el mundo funciona de esa manera o mas bien desearías que funcione así? Lo cierto es que el mundo ni siquiera sabe quien sos, hijo, ni siquiera se ha percatado de que naciste. Desde ahora mi consejo es que te mezcles entre el tumulto y nunca más vuelvas a comunicarle tus sentimientos a nadie. Solo déjate llevar. Sé como una roca. Deslízate con la manada. Disfruta del calor mientras te quemas como una hoja sosteniendo un vaso de limonada en la mano.
Eso es lo importante. El sol. La luz que emana del sol es mas importante que todos los dioses y soldados que han inventado. A veces deberías escaparte de esta ciudad. No hagas ninguna pregunta. Cierra la boca. No digas ni una puta palabra más. Aléjate. Lleva tu culo hacia los árboles. Huele las flores.
Porque algún día podrías ser el viento… y te digo que nadie podrá suplantar al auténtico y venerado sonido del viento ― al eterno aullido ― porque no pueden volverse polen ni soplar desde las entrañas como los tambores del corazón hasta mover a los enormes, vigorosos, y pesados árboles desde las raíces húmedas que han estado sepultadas bajo esta tierra de Dios desde que existió el chimpancé y todos sus hermanos. Entonces escupirás semillas, y sembrarás todo hasta el infinito y putañero universo, y también mas allá de las estrellas y de las galaxias azules y brillantes. Y entre serpentinas y hermosas abejas, vas a ser fluido y electricidad, y bailarás la danza de los locos hasta la asfixia.
LaAutopsia.Com―¿Como controlarán mi pellejo?― pregunté al servicio técnico por el chat. Muy fácil, dijo el interlocutor ebrio. —La chatarra produce llanamente escuálidos, niños viejos que procesan la muerte de una manera demasiado robótica. Esto significa que a-la-velocidad-de-la-luz-de-un-rayo se esfuman; por medio de una indexación cruda y pseudo-programada pero intermitente y compleja, que se materializa como pinchazo de sangre en un pulgar y duele como mordedura si no se detiene a tiempo el veneno. —Es como una lista de números infinitos ordenados o desordenados por algún algoritmo de mierda de cincuenta o sesenta palabras de código muerto: como es sabido el denominado “índice” determina la posición del elemento— digo. —Este se incrementa ciclo por ciclo. Pero, para hacerlo realmente confuso y metafórico, voy a examinarlo desde una prótesis robótica conectada a unos cientos de censores-color-piel que transmiten números como parpadeo de retinas… Es decir, a una intermitencia eléctrica descifrable por un programa o procedimiento neutro, o mejor dicho, que no produce resultado y se mantiene oseoso hasta la destrucción de La Vida.
—Todas las combinaciones de elementos están almacenados en la tabla como una cadena hija de putas. —Sí, incluso los que fueron eliminados mantienen su lugar desde el día de la creación, solo por si necesitaran recuperarse, tienen una marca como en celdas de re-ordenación; cuestión que da escalofríos: —¿como puedes saber que esos elementos ahí congelados no entrarán en un régimen de re-activación algún día cercano?— me preguntaba. Solo si fueras un genuino profeta podrías leer el movimiento rápido de estas células que continúan replegándose en las oscuridades del cosmos (como lobos). —Los eruditos caciques —más antiguos que el polvo— nos han proveído esa teoría tan mecánica sobre la clasificación de nuevas versiones de androides que resulta increíble. Luego deberíamos estudiar a los nativos, pero solo con el propósito de convertirlos en un montón de hojalata fría, y sin enfriar su actividad cerebral y estímulos profundos.
”—Antes de Copular (versión 2.5).
Fueron diecisiete peligros. Once estaciones. Posturas antiguas de un viaje que alquiló la distancia. Tristezas de cuerpos que sacan puntas heladas. Muestran pieles y vulvas, con avidez masturbante, mientras fuman calambres por sus ojos frios. La salvación es huir. A donde los soñadores pierden el rumbo de sus inventos: la nostalgia, la disciplina, la paz y esa satisfecha indiferencia. Nada es igual, todo fue diferente. Salvate, nadie puede explicarse porque…
Ahora me junto a tu Piel. Me sirvo a tu boca. Eras Lila. Eras Miel. Me abrigo con una porción de tus ojos. Sangro: Un paseo invisible. Eras una flor desnuda; pezones tibios, duros, super-inyectados, impresionantes, bajo cascada de agua y pasto y conchitas accidentadas picadas como lápidas. Eras otra, otra vez.
Adentro de la Piel. Muerdo Mi Sexo. Me Mastico. Subo a mis muslos con suspirosos engaños. Ellos se menean con hipnótica locura en el baile del Viento. Lucho. Disiento. Soy complaciente. Raspo mi delgada lengua. Aceito mis manos mientras me acaricio el culo. Me Frio. Me almuerzo. Me chupo con ansiedad loca.
Confundelos.
Con el perfume de una larva o con emociones de humo blanco.
Con canciones de labios.
Con hadas desnudas en tetas bamboleantes.
Con una muchedumbre ahogada entre bondades de asesinos,
ahí en donde la odisea ha sido un embauque.
Con pantomimas.
Con sonrisas de espectacular veneno.
No hace mucho concurrí a un especialista que conocía de algunos datos interesantes. Se hacia llamar El Capitán…
I
«El riesgo es el proceso de elaboración del problema experimental básico», decía. «El peligro se divide en ciclos, que son las faces por la que va atravesando el individuo antes de concretar el acto en cuestión (llámese ASUNTO). Como mencioné antes, el riesgo tiene una relación directa y fundamental con el ciclo de iniciación del peligro, es decir, en un comienzo se encuentra en un estado de exploración, dígase experimental, de lo que puede o no puede realizarse, de lo que es o no es real o cierto o satisfactorio».
He puesto como ejemplo los viajes astrales (es decir viajar fuera del cuerpo como humo), pero podría ser reducido a una simple interpretación de algo abstracto o que no puede ser reproducido como oración.
II
«A simple vista debe existir una exposición del Ser hacia aquello que está redactado en los mandamientos del Dios o en los panfletos que gobiernan los estímulos (tanto que podría producir erección u orgasmo, o desencadenar un ardor). Debe existir de por medio una guerra. Desobediencia. Debe existir una abundante dosis de desesperanza para que se desarrolle el proceso es sus etapas mas primordiales».
Aha. Muchos incrédulos no creen en estás palabras. Pero que me la chupen.
III
«En el ciclo medio, encontramos a un individuo que ha restablecido un orden en aquella alteración en la cual se veía involucrado por motivaciones recurrentes (llámese BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO). Sin embargo, tan solo ha encontrado la resolución parcial o momentánea o circunstancial al problema inicial y se ha trasladado hacia otro plano en donde le surgen nuevos interrogantes o ASUNTOS que deberá afrontar; ya que en este nuevo nivel de emociones no existen leyes, ni orden, ni advertencia, ni sistema que lo sometan a la ineptitud mental o a la presunta frustración».
IV
«Tal es así que el individuo como concentrador y acaparador de energías siempre será atraído por esa tentación continua e inestable que constituye al riesgo como el principal factor de desafío. Realmente, ya no podemos referirnos al peligro como tal por que este (sin llegar a percibirlo) ha mutado en un mundo, en un universo, y finalmente en un todo Sobre-Dimensionado. El ciclo final, ya no tiene definición alguna, porque nos encontramos perdidos y hundidos en él… Y todo lo que tenemos nunca ha sido visto, ni sentido, ni experimentado. Tienes un mundo nuevo bajo los pies».
ENTREVISTADOR: Ud. hablaba sobre una práctica sexual que abarcaba la conciencia, como una mera interpretación de la inexistencia universal de las cosas, pero proyectada en un efecto visual transparente y brillante como neón caliente; y de una veracidad espiritual superior a lo que los reconocidos mentores del cine porno han podido desentrañar en sus películas. Respecto a eso, usted ha sido clarividente y ha puesto en un plano superior a aquello que descansaba en las oscuridades de la luz artificial. El prehistórico hombre-mono no hizo mas que proyectar confusión en el tiempo de las almas, el tiempo que tienen para arder en este mundo de dolor y ausencias, justo en este instante que se apaga como un fósforo de mierda mientras el viento sacude nuestros sedosos cabellos.
ANIBAL: Es cierto, siempre concebí la desdichada e imprudente ilusión de que las fantasías deben permanecer amarradas a cierto criterio violento y posesivo de la realidad, y deben seguir así hasta el final de la cosa… Mirá, un día estaba aburrido de esa boludez que desorientaba al tele-espectador haciéndole creer que no había consecuencias sobre los actos, que las emociones eran algo parecido a sentarse a ver una telenovela desde un lugar privilegiado. Eso me hacía doler mucho la panza y no podía soportarlo. Entonces un día me calcé la navaja y salí a dar un paseo, un paseo por el barrio, con una camisa de colores muy pijos y haciendo todo un alboroto… La gente se hacía a un costado al verme avanzar como una pantera, se cambiaban de vereda y llamaban a la policía como eufóricos… ¡POLICÍA!, ¡POLICÍA! Acá tenés a la policía hijo de una gran puta, le dije a uno, y le hice un agujero. Todo eso lo filmé en video, y esa fue mi primera película.
Para mí fue como vomitar para dentro, me sentí ahogado de mí mismo, y mi propia tristeza. Pero ahí entendés la locura con que se ha ido configurando la conciencia humana. Alguien destruyó para siempre a la conciencia humana, o por lo menos hizo añicos los escasos parámetros de supervivencia. Nomás queda encontrar a este hijo de putas y cagarlo bien a azotes por las espaldas hasta que lo confiese todo. Pero no lo voy a encontrar yo, ni vos que sos un boludo. Posiblemente nadie lo encuentre nunca… porque ya está incorporado en nosotros. Sea como sea, me sirve de inspiración, me sirve como disparador, como vitamina, hago bocetos que fluyen por las profundidades de mis espíritus y canto canciones, sirve como energía magnética, me la pone dura el sólo pensar que alguien quiere joderme de esta forma…
ENTREVISTADOR: Ud. siempre manifestó que hay que ser lapidario con estos hijos de puta, estos que se apropian de nuestras conciencias, que construyen antenas en todas las frecuencias del reino de Dios… Lo bueno es que estamos dotados de una violencia legítima, como la naturaleza, y un día podremos modificar la biología de las almas porque pertenecemos al seno de la naturaleza, y las leyes de la naturaleza son las leyes de nuestro propio universo interior. ¿No es así?
ANIBAL: Sí, a eso le llamo la música de la vida. No es algo que se puede escuchar a través de los oídos, es más bien una comunicación entre sordos. Se trata de una construcción interior, una visión personal sobre todo el panorama exterior, y eso mismo produce un ruido, una melodía, que es el preciso pensamiento frío y desnudo. Es demasiado pretencioso aludir a la paz cuando el hombre ha diseñado un funcionamiento salvaje y extremadamente violento. La deforestación, la plusvalía, las carnicerías, la polución, el deshielo, la policía… ¡la contaminación del mar y de la tierra, del cielo y del espacio! Me he aprendido esta lección de cabo a rabo, recorrí las carreteras y ahora tengo la posta.
ENTREVISTADOR: respecto a eso, en su película “El hombre del callejón”, ud. trazó una propicia reflexión acerca de los actos de las personas, haciendo uso de un vocabulario sucio y extravagante, y con imágenes profundamente obscenas convirtió a los santos en asesinos monstruosos: primero, una ciudad de policías venerando al amor es lo mas superficial que se haya creado, verlos como predicadores es muy gracioso… luego la familia con los dogmas de la inquisición, la oligarquía, siempre presentada en colores brillantes que contrastan contra el resto de las cosas, es muy educativo.
ANIBAL: exacto, es una película con un argumento basado primordialmente en visiones creativas y en reflexiones especulativas acerca de la banalidad, una manera de demostrar que todo lo que se censura y se desprecia se ha originado de un control selectivo que nos divide compulsivamente, y estás jodido hasta los huesos si intentaras detener a este camión sin frenos. Bueno, a esto lo sazoné con algunas imágenes pornográficas y la suma de toda la basura me valió el reconocimiento de los periodistas. Ahí me di cuenta que había fracasado, que el mensaje había sido distorsionado y mutilado, que el contra-efecto del mensaje debía ser paralizador y provocativo, pero en cambio fue manipulado para convertirlo en una formulación didáctica y constructiva. No llega a afectarme de verdad, pero me obliga a replantearme el formato del próximo plan. Para hacer un planteamiento mas sofisticado debo comprender como participa el periodismo en el desarrollo del arte, y eso me aburre.
Dice el poema:
Cada vez que escupas una palabra de tu voz…
Sé lo mas fuerte que jamas hayas visto; porque las palabras te arrastrarán…
Arrastrarán tu nombre, tu alma, tu saliva irá derramada sobre cada palabra…
No importa cuan duro haya sido tu trabajo de quitarlas afuera: nadie contempla el dolor, la ansiedad, o la tristeza…
Todos irán a buscar tus palabras: y con tus propias palabras, si pudieran, te dispararán al medio del corazón.
ENTREVISTADOR: como Ud. dice, se ha elaborado una opinión consumista de su obra para vender publicidad, porque los medios deben sostenerse como entidades lucrativas, sórdidas, y detestables. Para eso deben reacondicionar el mensaje o destruirlo o pulverizarlo, y como sabemos bien sea cual sea la acción que se tome al respecto, será en beneficio de sus propios intereses. Así se ha construido el negocio de la información, que debe ser alimentado durante veinticuatro horas interminables y desgastantes. Imaginate la cantidad de pelotudeces que deben diseñarse para diluir toda esa espesa basura: programas de televisión, y radios, satélites perdidos por allí, criaturas magníficas que son desmenuzadas en directo. Me he dado cuenta que la belleza se ha vuelto un trastorno, y no hay forma de saciar el dolor invisible que esto genera en el lado limpio de la conciencia.
ANIBAL: Amén. Yo siempre intenté redirigir mi furiosa locura hacia lo que llaman “perfección”, porque la búsqueda desconsolada de perfección produce constantes errores de cálculo, de simetría, de autenticidad; produce complejas dificultades en las formas en que el ser interior debe expresarse y comunicarse sin sentir un aplastamiento destructivo hacia sí mismo.
En algún instante, la alta difusión de mensajes consigue desvincular al ser interior con su mundo exterior, y su canal de comunicación se contamina y se infecta. Uno mismo debe salirse de sí para recuperar su territorio, su lugar en el sistema universal que mueve con desgano todas aquellas vulgares galaxias de mierda que nos son incomprensibles hasta hoy, porque en realidad lo son y permanecerán así mientras no puedan ser captadas como objetos de inspiración o creación, mientras no podamos sumergirnos en la materia, mientras no podamos absorberla, o mejor aún, transformarla en pulsos de energía o vibración…